Detrás de…

Una oferta barata, es lo que hay

“En la vida no obtienes lo que quieres,
sino lo que negocias”
Donald Trump

A los millennials futboleros nos encanta presumir que vivimos la época de enormes fenómenos del balompié mundial ¡Por Dios, vivimos la era de Messi y Cristiano Ronaldo! Somos contemporáneos del astro brasileño Neymar y de la joya de la Juventus, Paulo Dybala. Todos nombres familiares para seguidores del futbol actual. Pero, ¿a poco no amas revisar esas memorias de la era de O Rei Pelé, que aunque fueron grabadas en blanco y negro, llenaron de color el mundo futbolístico? ¿O de quien años más tarde otorgaría con una mano prohibida la gloria a Argentina: El Dios de los albicelestes, Diego Armando Maradona? Ambos íconos que vivieron sus años dorados en las canchas del mundo mientras yo no estaba ni en pre-producción (nací en septiembre de 1986) consagraron sus carreras deportivas coronándose en las Copas del Mundo organizadas por mi México; 1970 y 1986 fueron los años en que tocaron el cielo. Hoy, 31 años después, ni Pelé ni Maradona ni los mexicanos que gozaron del mayor evento futbolístico desarrollado en nuestro territorio, han olvidado las postales que inmortalizaron esos nombres y esas épocas.

Esta semana, la posibilidad de que México organice una tercera Copa del Mundo llegó acompañada de controversia, malestar e indignación. La candidatura se hizo oficial y por primera ocasión se asociaron tres países –México, Estados Unidos y Canadá– para auspiciar el primer Mundial de Futbol que sería disputado por 48 representativos. Un reto que en el papel pintaba interesante, pero que a la postre derivó en una desequilibrada repartición de responsabilidades y beneficios, tan dispareja, como el poder adquisitivo y la infraestructura de cada una de estas naciones. México es el socio experimentado, pero pobre en esta ecuación. Se le ofrece albergar diez partidos sin trascendencia en sus estadios y acepta sin ton, ni son. La oferta resulta barata para una afición que se ha caracterizado por ser incondicional a su selección nacional: para Brasil 2014, la FIFA comunicó que fuimos la nación que más aficionados llevó con un estimado de 50 mil. ¡Yo también quiero vivir una Copa del Mundo en mi México! Pero como reza la nada estúpida frase del presidente de la Unión Americana, Donald Trump: “En la vida no obtienes lo que quieres, sino lo que negocias”. Traducido al mexicano: es lo que hay.

Twitter @JACKIE_FELIX • felix_jacqueline@hotmail.com

Sin necesidad

Rebasar la delgada línea de lo personal y lo público es muy fácil y mássi se hace con el afán de calentar el ambiente. Pero no es justo, no en undeporte de caballeros y menos cuando es innecesario.

Desde unhelicóptero podemos ver que Canelo y Chávez Jr. no solo sienten un odio profesional,sino que es un sentimiento que va más allá.

Sí, se agradeceque ambos demuestren que tienen sangre en las venas y que den un espectáculoprevio a un duelo que se ha esperado desde que ambos comenzaron a despuntar,pero de eso a dar golpes bajos hay mucha diferencia.

Me queda claroque uno empieza y el otro no se quiere quedar atrás, todo es parte de ese juegomental que tanto disfruta un peleador... pero, momento, faltan 23 días para lapelea y si ahorita ya metieron a las familias en esto, ¿qué van a decir cuandofalten 5 días? ¿Qué tipo de ganchos verbales se van a lanzar? Porque hastaahora se han dado hasta con la cubeta.

Me gustan laspromociones que hacen olas, en las que está latente la posibilidad de que lospuños se lancen a la menor provocación, pues eso habla de dos deportistas queno pueden esperar para estar frente a frente, pero repruebo que se toque elterreno personal, pues se corre el riesgo de convertirse en un Matador Mayorga.

Canelo y Chávez están a 20 días de volversea ver cara a cara en la última conferencia de prensa previa a su duelo, y másque palabras y amenazas, quiero que solo sea el preámbulo de una noche en laque ambos dejen en el vestidor el respeto y sostengan una pelea como esas queen el pasado nos hicieron brincar de la butaca, gritar hasta quedar afónicos ysalir con la piel chinita sabiendo que vimos un pedacito de historia.La