Detrás de…

En el futbol, jugar con el corazón no basta

“El futbol es la única religión que no tiene ateos”
Eduardo Galeano

El miércoles, cuando en compañía de amigos y en un restaurante de mariscos (como buena sinaloense) disfrutaba del partido de vuelta de las semifinales de la Champions League entre el Atlético y el Real Madrid pensaba… primero (y como siempre) en lo privilegiada que soy, pues ese momento de gozo era nada más y nada menos parte de mi trabajo. Algo así como el de esos futbolistas que dejaban el alma en la cancha del Vicente Calderón, en la capital española que, mediáticamente hablando, en ese momento era el ombligo del mundo… ahhh qué rico está mi cebiche, picosito, un poco ácido porque le puse más limón… espera, mmmh, le falta sal.

Todavía no iba ni a la mitad de mi “entradita” cuando el Atlético con gran sorpresa metió el primer gol, apenas habían pasado 16 minutos y ya contaba dos para los que estaban en casa… una casa que se caía de la felicidad, una casa viva con miles de gargantas incesables que cantaban por la nostalgia disfrazada de algarabía pues, este día también se estaban despidiendo de ese templo que desde 1966 fue su refugio y fortaleza.

El coloso del Río Manzanares, testigo de 142 partidos europeos, de los cuales 104 fueron grandes alegrías –y me quedo con una bastante contemporánea cuando la temporada pasada (2015-2016) los de Simeone consiguieron remontar el 2-1 que se llevaron del Camp Nou y eliminar al Barcelona en los cuartos de final de la Champions… 24 empates y solo 14 derrotas, quizás la más trágicas de ellas fue precisamente la que vivieron esa misma tarde del miércoles 10 de mayo al ser eliminados a manos merengues, pero aún así, el Vicente Calderón se despedía de eliminatorias europeas cantando, rebosante, vibrante… conmoviendo con sus cánticos y su juego hasta al cielo de Madrid, que lloró intensamente al darse cuenta que en el futbol el corazón no basta para ganar títulos y una vez más, el acérrimo rival, el vecino rico se salió con la suya.

Temprano ante los medios, El Cholo declaró: “ Yo creo en mis jugadores”, y estoy segura que esa misma fe la tenían tanto los futbolistas, como la afición… por eso te comparto la frase de Galeano que con mucha certeza reza una innegable verdad: “El futbol es la única religión que no tiene ateos”. Aunque esta ocasión, ni toda la fe, ni todos los rezos, ni el 2-1 de la vuelta, ni el amor de San Simeone y sus pupilos por el esférico y por su gente, lograron cambiar la historia.