Detrás de…

Cómo te entiendo, querida Ana…

“La violencia es el último recurso del incompetente”
Isaac Asimov

Esta semana la noticia que conmocionó a nuestra nación no solo por el personaje que protagonizó tremenda historia, sino por el trasfondo de la misma, fue la agresión a Ana Gabriela Guevara, ex atleta, medallista olímpica, senadora de la República, mujer golpeada.

En cada reunión, en la oficina, a la hora de la comida o de la cena, el tópico de cada momento de mi día fue éste. Ese rostro que reflejaba el dolor que ocasionan no los golpes, sino la humillación y esas lágrimas que buscaban lavar el honor de una mujer ejemplar, empoderada, única, me hicieron reflexionar… ¿Qué podemos esperar como mujeres de una sociedad machista que no se detiene y magulla y fractura un rostro tan familiar, que nos dio tanta alegría y orgullo como país y que busca continuar con su misión contribuyendo ahora desde otra trinchera? Entendí que yo también soy Ana.

Como mujer, periodista de deportes, he vivido en carne propia el abuso de fuerza y “poder”, la discriminación y el acoso por mi género, “la consecuencia de elegir desempeñarme en un mundo de hombres”, dirían algunos. Y te cuento especialmente un episodio que jamás olvidaré. Era una de mis primeras coberturas de un evento fuera de la Ciudad de México. En el marco del torneo de aguas abiertas que año con año realiza el profesor Nelson Vargas, aquel 2012 en Acapulco, un “compañero” de una televisora local sintió a bien primero, incomodarme con sonidos y lenguaje impropio para después aventarme con su corpulenta anatomía hacia la valla humana formada por el público (que me sostuvo y evitó que cayera), con el pretexto de lo que en la jerga reporteril llamamos “el chacaleo” (cuando todos los medios se acercan para obtener declaraciones de un mismo personaje). Y esto lo hizo solo porque yo “estaba nada más ahí parada como muñequita”, según sus palabras.

La historia terminó “bien”, el organizador del evento le solicitó a este señor que se retirara pues su agresión no fue por nada justificada y para mí, el empujón se tradujo en la fiel demostración de ignorancia y patanería de un “hombre” que se sintió con el derecho de agredirme, ¿por qué razón? Me lo sigo preguntando. Quizás la seguridad que sintió por superarme en peso y tamaño lo llevó a pensar que no me defendería. Pero como Ana, no me defendí con los puños, sí con la palabra, denunciando.

Al igual que Ana, lloré de impotencia, me sentí vulnerable, violentada, pero no me derroté. Porque soy una mujer fuerte, inteligente y capaz, que como Ana, busca cambiar la estúpida ideología machista que nos golpea… en todos los sentidos.

Twitter @JACKIE_FELIX
felix_jacqueline@hotmail.com