Consultorio del deportista

La mujer y el deporte

Está por iniciar la temporada de futbol soccer profesional femenil y vino a mi mente el caso de una joven y entusiasta deportista integrante del equipo de futbol de su universidad quien frecuentemente se lesionaba. Un día me preguntó,  ¿por qué las mujeres nos lesionamos más que los hombres? Esta situación la podía constatar dado que siempre había lesionadas en su equipo.

Aunque en lo general el riesgo de lesionarse en la práctica deportiva está relacionado con los factores predisponentes, los cuales se clasifican en: intrínsecos, los relativos al deportista y los extrínsecos, los propios del tipo de deporte, la superficie en que se  practica, el calzado y equipamiento y las condiciones ambientales entre otros, si existen algunas lesiones más comúnmente observadas en la mujer y son facilitadas por las características anatómicas de su sistema músculo esquelético. Entre estas destacan los desgarros del Ligamento Cruzado Anterior (LCA) y el Síndrome Doloroso Patelo Femoral. (SDPF)

Ahora le toca al LCA, el SDPF lo analizaremos en otra ocasión. El LCA es un ligamento ubicado en el interior de la rodilla que la estabiliza evitando el desfasamiento de la articulación al momento de pivotear o al hacer cambios de dirección  y saltar principalmente. Se considera que en la práctica de futbol y basquetbol las mujeres tienen al menos 3 veces más el riesgo de lesionarse este ligamento que los hombres. Cerca del 70-80 por ciento de las lesiones del LCA ocurren en acciones sin contacto físico, por ejemplo, al hacer un quiebre, al parar súbitamente o en la fase de aterrizaje al saltar. Son lesiones típicas en deportes donde el cuerpo gira dejando el pie fijo en la superficie.

Hay varias teorías que sustentan el porqué de esta mayor incidencia. Las más aceptadas son las relacionadas con los  factores anatómicos que intervienen en la biomecánica de la extremidad inferior: pelvis ancha, incremento del valgo (rodillas juntas o en “X”), ligamentos delgados entre otras variantes y la mayor elasticidad por acción hormonal.

Cuando se hacen estas actividades, el LCA se pone en tensión y simultáneamente los músculos de la corva o isquiotibiales (IST) se ponen a trabajar como tensores dinámicos, actúan como riendas que detienen el desplazamiento anterior de la tibia (pierna). En estudios biomecánicos se ha detectado que en la mujer la acción de los IST es más retardada que en el hombre. Adicionalmente al saltar la mujer cae más erecta, con las rodillas extendidas y el pie más plano. Esto amenaza la integridad del LCA.

Por lo tanto tomando en cuenta todo lo mencionado anteriormente, las estrategias para la prevención de esta lesión se deben enfocar en fortalecer y aumentar el tono de los músculos IST y mejorar la técnicas de salto, caer en dos pies y con rodillas flexionadas, rodear más que pivotear y parar en tres pasos. Existen programas de entrenamiento diseñados con bases científicas para mejorar la acción-reacción en lo general y particulares a cada disciplina deportiva con los cuales se ha demostrado que sí es posible reducir la incidencia de lesiones. No quiero ser ave de mal agüero pero más vale prevenir y dejar de ser el jugador más vulnerable (MVP) por sus siglas en ingles.

Pregúntele al experto.

dr.ignaciocardona@gmail.com

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