Consultorio del deportista

El lado oscuro del deporte

Un paciente me pregunta: “Doctor, yo amo correr, pero no puedo progresar tan rápido como quisiera, ¿hay algo que pueda recomendarme para ir más rápido?”.

Cuando se trata de acondicionar nuestro cuerpo para que sea capaz de desarrollar esfuerzos superiores a los que habitualmente hacemos, la única fórmula es la constancia en el trabajo físico. Así de simple. Por supuesto que la respuesta será determinada por las características anatómicas y funcionales de cada individuo.

El otro camino, sería utilizando atajos inseguros, caminos con riesgos, independientemente de que quien los utiliza no vaya a ser sujeto de control de dopaje. El efecto de sustancias para mejorar el desempeño de cualquier actividad relacionada con el ser humano, es efímero, fugaz, tanto en el deporte como en el trabajo o las relaciones sociales, lo que obliga a quien las utiliza a depender de ellas, sin que sea considerada propiamente una adicción, por el riesgo de suspenderlas súbitamente. En la historia hay citas de estos ejemplos: El vino especiado que bebían los gladiadores romanos, las anfetaminas utilizadas por los estudiantes para mantenerse despiertos o las sustancias estimulantes para ambientarse.

El Comité Olímpico Internacional en 1967 hizo sus primeras resoluciones contra el dopaje incluyendo en sus listas a las sustancias o métodos prohibidos por que además de alterar el rendimiento del deportista, pudieran poner en riesgo su salud. Actualmente las sustancias más utilizadas para lograr estos objetivos son los anabolizantes, los esteroides, la hormona del crecimiento, sin dejar de mencionar a los suplementos alimenticios.

Por citar un ejemplo, el abuso de la eritropoyetina, hormona que estimula la formación de glóbulos rojos, células de la sangre que transportan el oxígeno, obligó a establecer límites máximos para el valor hematocrito, buscando con ello eliminar, o al menos reducir, el empleo indiscriminado de esta hormona, implicada en varios fallecimientos de ciclistas.

Esto se complica cuando es preciso fijar un límite entre lo normal y lo anormal en sustancias que nuestro cuerpo produce de forma natural, dada  la diversidad entre personas. Por ello, y desde la defensa de un “Juego limpio” en todas las manifestaciones del deporte, cuando de parámetros fisiológicos se trata, parece evidente la necesidad de que los controles sean sensibles a las diferencias entre individuos, de tal forma que a la sanción, si procede, preceda el estudio de la persona.

Para finalizar con esta reflexión,  debemos recordar que desde el punto de vista de la salud, está fuera de toda discusión que ciertas sustancias, a determinadas dosis, no solo sirven para curar, sino que pueden ser dañinas. Pero desde la ética, está claro que, mientras estas sustancias o métodos aparezcan en las listas de dopaje, no deben ser empleadas por los deportistas aún bajo estricto control médico.

dr.ignaciocardona@gmail.com

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