Consultorio del deportista

Para los abuelos del siglo XXI, ejercicio físico y envejecimiento

El envejecimiento, según Mora Teruel, es un proceso de deterioro que acontece en todo ser vivo con el paso del tiempo y está condicionado a la interacción de la expresión genética del individuo y su medio ambiente.

López Chicharro y Lucía Mulas, expertos en el tema, aseveran que los viejos más activos gozan de un mejor rendimiento físico y psicológico, sin incremento sensible del riesgo de lesiones. Estudios muestran que los adultos mayores que compiten no tienen una mayor incidencia de lesiones en relación a la actividad física realizada en comparación con atletas jóvenes que entrenan y compiten en condiciones similares.

Si bien, el entrenamiento físico no parece retardar el proceso natural del envejecimiento, la diferencia se da en la calidad de vida. Los viejos que se mantienen ejercitándose de manera regular tienen un mayor rendimiento físico y mental.

Decir cuándo empieza el envejecimiento es muy difícil. Desde el punto de vista de la edad cronológica, se acepta que comienza entre los 60 y 65 años, aunque la mayoría de los efectos atribuidos al envejecimiento parecen en realidad ser resultado de un estilo de vida sedentario, más que por el mismo proceso. Los seres humanos y otros animales disminuyen espontánea y gradualmente  su actividad física conforme van envejeciendo. Así, las modificaciones funcionales y de calidad de vida relacionadas directamente con el envejecimiento en épocas pasadas no se observan, o se manifiestan en menor grado en los viejos que realizan ejercicio regularmente. No todas las funciones se afectan por igual; la resistencia física se conserva mejor que la velocidad o la potencia.

¿Se puede reducir o prevenir la disminución de fuerza y pérdida de masa muscular?

¡Si se puede! El entrenamiento de fuerza en las personas de edad avanzada puede retrasar la pérdida de masa magra y la fuerza asociada al envejecimiento. La clave es  decisión y disciplina.

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, paseos caminando o en bicicleta, tareas domésticas, juegos, baile, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias.

Los adultos mayores inactivos o con enfermedades limitantes verán mejorada también su salud en alguna medida si pasan de la categoría “sin actividad” a la de “cierto nivel” de actividad.

Para quienes se inician en la práctica de ejercicio, la evaluación médica y un programa de entrenamiento adecuado son determinantes hacer del ejercicio una actividad que resulte gratificante y se logre el bienestar.

En resumen, la evidencia disponible demuestra de forma contundente que, en comparación con los adultos mayores menos activos, hombres y mujeres, las personas mayores físicamente activas: viven más y mejoran su estado de salud físico y mental, así que, ¡a moverse queridos abuelos!

dr.ignaciocardona@gmail.com

Twitter: @icardonam