Vox Populi, Vox Dei

Campeón de la mediocridad…

Contra todos los pronósticos, incluyendo el del aficionado más escéptico, los Tigres fueron derrotados por un limitadísimo y endeudado Querétaro, que se vio enorme frente a unos felinos indefensos y poco creativos, quienes se entregaron desde que recibieron el primer gol.

Qué mal jugaron los dirigidos por Ferretti, sin ninguna clase de idea, paseando el balón de un lado a otro de los límites del área de unos Gallos sumamente ordenados defensivamente y quienes con sólo dos ataques letales, enterraron las navajas que traían amarradas en los espolones y final de la historia.

¿Qué sigue ahora para estos tristes Tigres que enfrentarán en patio ajeno a la furia de unos Diablos encolerizados por haber perdido contra el Atlante? Pues ni manera de pronosticarlo, ya que cuando juegan con equipos chicos, los felinos también sacan a relucir todas sus deficiencias, y cuando juegan con equipos grandes, pareciera como que se acuerdan de ellos también son buenos. El caso es que esta derrota del sábado pasado nos ratifica a todos lo aficionados que las goleadas de la Copa MX nada tienen que ver en la Liga, salvo por el caso aislado del triunfo contundente aquel contra el Cruz Azul, el cual dadas las circunstancias actuales, habría que considerarlo como un accidente de La Máquina Celeste.

Por otro lado, también contra todos los pronósticos y con la ayuda del autogol de Darío Verón, finalmente Carlos Barra y Pepe Treviño lograron un triunfo totalmente inesperado, pero que cae como venido del cielo a unos Rayados que estaban más golpeados que El Toluco López (famoso pugilista mexicano de los años cincuenta y sesenta).

En fin, al parecer tuvimos un fin de semana al revés, con resultados inesperados como el empate del Veracruz frente a las Águilas en el estadio Azteca, el triunfo del Atlante frente a los Diablos del Toluca, la derrota de Tigres en su propia casa con el Querétaro, y el más increíble de todos, Rayados ganándole de visita a los Pumas. Por ello, lo único racional que se me ocurre es que todo esto está motivado por el paupérrimo nivel del campeonato de Liga MX. De tal suerte que en este momento podemos imaginar que casi cualquier equipo puede ser el campeón de la mediocridad, o más bien… del futbol mexicano.

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hugo.carrillo@multimedios.com