El riesgo que se intenta evitar

Las escaleras que conducen al vestidor del Estadio Olímpico, hasta el Apertura 2005, estaban descubiertas, por ahí se iban los jugadores y el entrenador de Pumas al final de cada partido. El acrílico que hoy las cubre se colocó para evitar que el equipo fuera agredido. Se colocó después de que el 30 de octubre Hugo Sánchez fue despedido por la tribuna con una lluvia de vasos, líquidos y mentadas de madre; ese día, Pumas perdió 1-2 con América. El ídolo del bicampeonato quedó en el olvido.

Las tribunas que un día despidieron a Hugo con furia, hoy claman su vuelta. “No”. Esa ha sido la respuesta de la directiva. La dirigencia de Universidad no tomará más decisiones tribuneras. Un sector del público lo quiere en CU, de eso no hay duda, pero la nostalgia está lejos de hacerse realidad con su regreso. Hugo implica un riesgo deportivo, los resultados en Necaxa, en la Selección y en Pachuca lo advierten. Carece de números a su favor, lo de 2004 es una bonita historia, pero no hay argumentos futbolísticos que respalden a Hugo después de aquello. Sí, es un imán mediático, es un motivador, pero su capacidad como entrenador no cuenta con buenos números en los últimos años.