El blitz del lunes

Mundial, global, total

Estoy viendo el Mundial de soccer con la misma curiosidad con la que ve un investigador a sus conejillos de indias, y no lo digo en tono soberbio, es que, por más que le busco la cuadratura al esquema de juego del balompié, me quedan no más de cuatro o cinco variantes muy repetitivas a la vista y de ahí esperar pinceladas individuales para que se resuelva un partido.

Aun así, con tantas imperfecciones  ¿cómo es que el soccer y su torneo cúspide son la prueba reina del deporte mundial? ¿cómo es que el americano, que en una sola jugada ofrece decenas de opciones de juego, no logra por fin imponer su popularidad contra la del aparentemente primitivo soccer?

Tal vez sea precisamente lo primitivo, y no me voy a meter con aquello del juego de pelota prehispánico, sino a lo simple de la herramienta, la facilidad de lograr un espacio y de conseguir o hacer, si es necesario, un balón para jugar, lo universal de un lenguaje sencillo de juego, de reglas de primaria y más ganas que fuerza para jugarlo.

El soccer no requiere imponentes corpulencias, alturas especificas ni pesos completos, en todo caso puede  prescindir de cuerpos de coaches y libros de jugadas, solo con dos equipos del mismo número se arma la cáscara.

Y eso a nivel mundial pesa, aún cuando la Olimpiada es el alma mater de los eventos deportivos internacionales, el Barón de Coubertain no erró al reanudar aquella viril tradición griega y azuzar los espíritus competitivos del planeta, pero, con todo y sus múltiples disciplinas, el color, la flama y la cantidad de competidores, los Olímpicos no han logrado que la pasión que se vive en el soccer se reproduzca o supere en sus múltiples disciplinas.

El soccer produce estrellas de países pobres y ricos por igual, las ligas más famosas son crisoles de nacionalidades en su conjunto de jugadores, en fin, fuera de la polémica eterna sobre el comparativo del valor estratégico y la presunción de fuerza del americano, he de aceptar que en su condición social, en alcance, en viabilidad y en igualdad de condiciones, el balompié es merecidamente un deporte más “mundial” y merece ese reconocimiento, al final y sin doble sentido, resulta que casi todos los que nos gusta el americano le entendemos al soccer, y pues... no así al contrario.

Y de ahí... A lo que sigue.

 

beto@eluno.com