El blitz del lunes

El Castor y el billete (parte 2)

En la NFL los equipos tienen prohibido dar bonos en efectivo a los jugadores ya que se presta a violar “por lo bajito” los topes salariales estipulados. La semana pasada hablaba de cómo los jugadores crearon programas internos donde con su propio dinero se premiaban las grandes jugadas, esto se enredó más en la interpretación moral que la legal, de aquellos noventas se sabe que esta tendencia se extendió como plaga entre muchos equipos, por ejemplo, en Filadelfia, el  defensivo Troy Vincent aceptó que dirigía el clan; en Houston, el esquina Cris Dishman dijo que para ser  merecedor de un premio de la “polla” sería “alguien que levante al rival de sus pies y lo haga caer con el trasero primero”; así, se fueron conociendo diferentes estilos de apuesta como fueron ofensivas contra defensivas, la primer tacleada, primer anotación, pase más largo, etc. Variantes que parecerían un menú de apuestas en Las Vegas. El legendario apoyador de Gigantes, Lawrence Taylor, dijo al respecto: “Cuando te conviertes profesional hay algo de dólares en todo lo que haces en la NFL”;  Ken Norton, hijo del campeón de box, dijo “Claro que tomamos esos 500 dólares en serio, ¡son libres de impuestos!”

Fuera del billete, surgió un incentivo que dio un toque de honor a la razón misma de jugar bien: Un castor, reconocido como uno de los animales más trabajadores, representan disciplina y coraje, inspirado en esos valores,  el coach defensivo de los Jets, Greg Robinson, lo utilizó como premio por grandes jugadas y entregaba un castor disecado, el jugador lo llevaba consigo a los entrenamientos con orgullo y presunción. A Robinson no le gustaba declarar al respecto, pero muchos ex discípulos han contado historias de este honorifico trofeo.

El apoyador Bill Romanowski cuenta: “Era mi primer juego con él y yo no sabía nada del castor, veía a mi coach con todo respeto antes de entrar al campo cuando de repente Robinson saca ese animal muerto y disecado,  y empieza a gritarnos: ‘¡El castor anda suelto!’; la verdad me quedé pensando que el tipo estaba loco”.

La periodista de ESPN, Andrea Kramer, cuestiono a varios jugadores sobre el efecto “castor”, “¿Por qué un puñado de dólares pueden motivar jugadores que ya ganan millones?”, las respuestas no se hicieron esperar:

Junior Seau: “No es el dinero, es el ego”; Cris Dishman: “Es el factor orgullo”; Lamar Lathon: “El mayor logro es ganar dentro de tu equipo y decirles ‘hey, vencí, ¡páguenme!’”

El “Bountygate” del  2009 mató la inocencia a estos incentivos pero aún  es de cuestionar si, cuando la tribuna grita “¡Mátalo, hazlo pedazos!”, se debe tomar literal. MORALEJA: Como nos  decía un coach en juveniles, “hagan lo que tengan que hacer, esto no son Barbies, es futbol americano”

Y de ahí…A lo que sigue.  

beto@eluno.com