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La belleza de un solo gol

Entre América y Tigres, líder y sublíder del Apertura, luego de 17 fechas la diferencia fue de tan sólo un triunfo, la diferencia de goles de 2 y quedaron igualados en puntos, 31; con semejante paridad, ¿de dónde sacar que se venía una serie final llena de festejos, un futbol de alarido y emociones varias? Para nada. Ahí lo tiene usted, la de anoche fue una confrontación sabrosa entre un equipo que domina su estilo equilibrado y otro que lo quiso emular toda la campaña, pero a éste le alcanzó con una buena fase regular para tomar ventaja a sus rivales y adueñarse de la cima; a partir de entonces la Liguilla le quedó de pechito, liquidó a Pumas con un soplido y con otro abatió al Monterrey. Ahora el Águila se vale de su localía para apostarle a la fe de su grey congregada en un templo llamado Azteca. Sólo un problema para el Turco y los suyos: al Tuca no le sorprenden los ángeles ni le espantan los demonios.

hector.gonzalez@milenio.com

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