Fue al balón

La selección de futbol, rehén de sus seguidores

Por citar a un clásico: “la cosa está que arde”. No hay duda de que México disputará, y con etiqueta de favorito, el Hexagonal; a falta de dos fechas por el Grupo A no tiene quién le haga sombra y por detrás Honduras, Canadá y El Salvador se hacen trizas.

Por el Grupo B calificarían Costa Rica y Panamá (atrás, Jamaica y Haití); por el Grupo C estarán Trinidad y Tobago, así como Estados Unidos.

México, Honduras, Costa Rica, Panamá, Trinidad y Tobago y Estados Unidos se disputarán entonces los tres boletos y medio a Rusia 2018; hasta aquí el Tricolor no padecerá por su nivel futbolístico –los rivales están en horas bajas-, pero sí por el acoso que sufrirá por el comportamiento homófobo de sus seguidores.

Si los futuros rivales de México le echan ojo al tema con la malicia que la guerra deportiva admite, pueden poner a la Femexfut en un lío gordo. Existen dos vías por las cuales la FIFA se puede dar por enterada sobre actos discriminatorios susceptibles de sanción.

Primero.– En la FIFA se implementó un sistema de monitoreo antidiscriminación, integrado, entre otros por, organismos que alertan sobre sucesos en todo el mundo del futbol, como ocurrió con la FARE en la Copa del Mundo de Brasil 2014, precisamente avisando sobre lo que el público mexicano hacía cada que el portero rival despejada.

Segundo.- El organismo de futbol anfitrión de un juego puede quejarse, y en consecuencia acarrearle perjuicios en forma de multa, puntos o descalificación a un rival que hasta en la cancha le pudo haber ganado con deportivismo.

El artículo 67 del Código Disciplinario de la FIFA no deja dudas, porque si bien “la asociación de casa o club de casa es responsable de la conducta impropia de los espectadores”, también “el club o asociación visitante es responsable de la conducta impropia entre su propio grupo de espectadores”.  

 

hector.gonzalez@milenio.com

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