Fue al balón

El día que conocí a Ronaldo

Ronaldo es de los jugadores que te marcan, no solo cuando los ves jugar al futbol, como lo vi en la televisión en Corea-Japón 2002 mientras me desvelada editando. También lo gocé ayer, cuando lo conocí en el estadio Azteca.

El 2002 fue su consagración. Condujo a Brasil a la obtención del Pentacampeonato, nada menos. Empezó con Turquía el 2 de junio, al minuto 50 de un partido bravo, irrumpía con su historia de éxito en la cancha de Ulsan; a China le hizo otro, al 55’, estaba imparable, y Costa Rica, en el cierre de la fase de grupos, también se llevó la rúbrica del camiseta 9, a los minutos 10 y 13.

En octavos de final seguía encendido, la ciudad de Kobe gritó un gol más del Fenómeno y estaba cantado que sería su torneo, anotó al 87’, fue a Bélgica. Le siguió Inglaterra, el reposo, solo jugó 70 minutos y no anotó. Pero volvió ante Turquía, en semifinales, e hizo el único del partido, el del pase, al 49’, en Saitama rumbo a Yokohama.

Ya en la Final ante la siempre poderosa Alemania, en el estadio Internacional, Ronaldo se garantizó un sitio en al universo del futbol, anotó a los 67 y 79 minutos. Su total fue de 15 anotaciones en Copas del Mundo, tres veces el mejor futbolista de la FIFA, en 1996, 1997 y 2002, en estos dos últimos años también fue el mejor para la France Football, eran tiempos en que ambas entidades aún no se unían en un solo premio (este año nuevamente se separaron).

Y la verdad es que todo lo que se pueda escribir de Ronaldo es poco, como lo ganado en clubes y su retiro por las lesiones de rodilla, recaídas que iban de una pierna a otra sin dar tregua, por eso en 2001 pronunció: “este anuncio es mi primera muerte”, y con él también el futbol perdió algo de su magia. 

hector.gonzalez@milenio.com

twitter@hglezvillalba