Fue al balón

Los riesgos de ratificar a Gustavo Matosas en tiempos de no-crisis

Es sencillo entender el proceso mental que llevó a Ricardo Peláez, presidente deportivo del América, a salir hasta con valentía para ofrecer explicaciones a los medios respecto a la situación que prevalece con Gustavo Matosas. El gesto del directivo dice mucho de su personalidad y las formas con que se conduce; en otros tiempos en Coapa se habría deseado su estatura –y no la física-, cuando pasara lo que pasara nadie daba la cara. Hoy la cosa pinta distinto, es diferente y se celebra.

Sin embargo, salir a ratificar a Matosas en tiempos de no-crisis o conflicto no declarado es un sin sentido; callarse hubiera tenido el mismo efecto, sobre todo cuando el silencio es antídoto para el rumor; evitar tratar el tema desactiva cualquier mentira, pienso, aunque insisto que el gesto de Peláez fue una jugada de maestro.

Pero, le decía, hay un sinsentido en todo esto; hoy confirmamos (ayer, pues), por la boca de Ricardo, que Matosas renunció, lo que no es nuevo, en León lo hizo, nada que se sintió apenado con los resultados… y ya lo ve, nunca se la aceptaron, se fue cuando quiso. ¿Es eso honestidad? Si te quieres ir, porque quizá no eres la solución, y tú mismo te das cuenta de ello, sólo te vas, y ya. Pero no, él se queda. Sencillo, al irse Matosas se debilita la figura de Peláez, quien echó a su antecesor campeón.

Ahora pasa que al ex de León le ofrecieron manga ancha para sentar a todo aquél que no se ajuste a sus propósitos, en aras de que su proyecto se consolide; bien, nunca las personas por encima de las instituciones, reza un dicho que le grabé de tanto oírselo a Rafael Lebrija, aquél presidente de tantos éxitos en Toluca. Es, digamos, una entrega de las llaves a Matosas, quien no armó al plantel, sino que se lo armaron, ni está a gusto con lo que debe poner en el once titular, muy a su pesar. Ahí radica la verdadera crisis, no en la tabla, donde siguen en el top ten.  

 

hector.gonzalez@milenio.com

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