Fue al balón

El otoño de Chivas

En los días y las horas previas a la celebración del partido más importante para el Guadalajara y América de cada torneo, en el seno rojiblanco caían una y otra vez sendos bombazos en forma de dichos y acusaciones entre patrón y ex empleado, pero ni eso distrajo al equipo de sus deberes.

Ya instalado en la capital del país, Chivas recibió el cobijo y aliento de cientos de aficionados que en el aeropuerto y en su hotel de concentración, fue un espectáculo digno de un Clásico, digno de un equipo grande y añejo como los 109 años de vida que presume, aunque los últimos 13 sean de los más opacos.

Y en todas esas horas el dueño de Chivas repitió una y otra vez porqué creía que su equipo vencería a uno de los clubes punteros de la Liga, uno de los que mejor juego ofensivo y defensivo presume, pero que pese a todo perdió en el Estadio Azteca.

Sí, América perdió un partido que no debió entregar tan fácil como lo hizo, y hasta de ayuda requirió por la vía del árbitro Fernando Guerrero, a quien su auxiliar Alberto Morín le echó a perder un juego que iba casi perfecto.

En realidad, dos pecados costosos en el futbol acabaron con las Águilas; el primero, en plena salida, con el equipo adelantado y el rival con campo abierto rumbo al área, Osvaldo Martínez retrasó una pelota que ningún central alcanzó a cerrar. La apuesta de Matías Almeyda por mandar marcas muy arriba resultó con esa acometida de un Bravo certero. Después un golazo del mismo Bravo.

Luego, el error del árbitro no dando al América el empate que por elemental justicia le correspondía; América tuvo variedad en su juego, Nacho Ambriz probó de todo, metió la quinta y atrincheró a Chivas, que solo tuvo dos jugadas de gol, una la metió, la otra la falló; además del error de Osvaldo que acabó en gol.

El Clásico deja sus lecciones: América debe seguir pensando en el título y Chivas en el no descenso; perder de perspectivas esos objetivos perjudica más a los tapatíos y en ello les va la vida.

hector.gonzalez@milenio.com
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