Fue al balón

El negocio de los ‘naturalizados’

“La Federación Mexicana de Futbol debe hacer ajustes; como extranjero me parece justo que los mexicanos tengan más oportunidades de jugar; todos tienen derecho de buscar trabajo”, dijo Juan Carlos Osorio, seleccionador de México cuando se le preguntó la postura respecto al tema de los naturalizados en la Liga MX.

Lejos de los malinchismos y la xenofobia, admitamos que los naturalizados son muchos y la mayoría ya ni diferencia hacen, pero como no requieren de ninguna de las cinco plazas de extranjeros, pues no hacen bulto, al amparo de los artículos 8 y 9 del Reglamento de Competencia.

Hay quien puede decir, y con razón, que la Constitución no hace distingos, y quien es mexicano lo es sin porcentajes; lo es y punto. No hace falta estar de acuerdo, sería tonto impugnar.

Pero hay quienes, también con argumentos, exponen que la Liga MX es a final de cuentas un club de clubes, la reunión de millonarios que invierten en un deporte al cual le pueden colocar etiquetas con derecho de admisión, y pueden limitar el número de naturalizados por la misma razón con que antes los consideraron ‘extranjeros’. La solución no está difícil, pero las consecuencias de no adoptarla serán catastróficas.

Las selecciones mexicanas arrastran un problema gravísimo: con mucho trabajo y estructura han logrado ganarse un lugar entre los campeones juveniles, pero esos muchachos no están llegando a la Primera División en el número y la velocidad que otros países sí logran hacerlo, ¿por qué? Porque en México la continuidad es un mito y porque el negocio para muchos presidentes y técnicos no está en la tribuna ni en el espectáculo, está en comprar y alquilar extranjeros que ensartan a los dueños al doble o triple de su valor real, porque aunque naturalizados sean aún exhiben precio de extranjeros y cobran como extranjeros, como si por ese solo eslogan hicieran diferencia. 

 

hector.gonzalez@milenio.com

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