Fue al balón

Los 10 juegos del Mundial que le regalaron a México

México no volverá a organizar en solitario una Copa del Mundo. La inversión que requiera la organización del evento lo hace imposible por dos premisas, primero están las reformas que implemento la FIFA en la era Infantino, haciéndolo algo inalcanzable para un solo país, y en segundo, porque el nuestro se hunde en el tercermundismo gracias a la corrupción de la clase política que es lastre y condena y eso no cambiará en los próximos 9 años.

El nuevo diseño de la Copa del Mundo, que a partir del 2026 se jugará con 48 selecciones, obliga a considerar sedes compartidas, porque ya nadie es tan tonto para arriesgar lo que no se tiene, sin garantía de retorno (los dineros) ni funcionalidad (los estadios).

La estrategia recaudatoria echada a andar busca incrementar algo así de 35 por ciento los ingresos de la FIFA a partir de ese año, porque Rusia 2018 y Qatar 2022 no darán más que Rusia 2014 con sus 32 participantes.

Hay posturas que consideran que la reforma en lugar de encarecer al Mundial lo abaratará financieramente hablando, porque con sedes compartidas la inversión se divide; sin embargo, en términos absolutos el evento sí resultará más caro. Es lo de menos a estas alturas.

El tema pasa porque solo serán un puñado de países los que fungirán a partir del 2026 como protagonistas, como Estados Unidos pretende serlo, mientras otras naciones, como Canadá y México, principalmente, deberán alegrarse con una rebanada de pastel, porque no les alcanza para más.

Es clarísimo que no resiste la comparación el tamaño de las economías entre México y Estados Unidos, como tampoco lo resistiría la tradición y logros futboleros entre mexicanos y canadienses, y es el punto: la desigual repartición de juegos sobrantes no honra y sí hace ver a la Femexfut como el perdedor de una inconfesable negociación.  

hector.gonzalez@milenio.com

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