Fue al balón

Vergara, el vendedor al que sedujo Almeyda

El trabajo de Matías Almeyda en año y ocho meses en Chivas no resiste crítica alguna; de hecho, nadie ha podido formular alguna que valga la pena hasta ahora. Lo que se observaba de su equipo en la fase final del torneo regular y ya en plena Liguilla, era la carencia de gol, la dependencia del reglamento para ir avanzando y todo apuntaba a un desastre ante un poderoso Tigres, que ni en la derrota dejó de serlo.

Almeyda tuvo, por sobre todo, las palabras correctas para convencer a Jorge Vergara, un experto conversador, un vendedor de ideas y proyectos de ideas y que Matías haya sido capaz de meterse en la cabeza de este hábil vendedor de suplementos de la marca Omnilife, está cabrón. Ahí está su mérito.

Antes que el Pelado, nadie estaba por encima del poder de las palabras de Vergara, amo y señor del púlpito, orador experto del que hoy tenemos noticias está en Perú y mañana en Rusia, el jueves en Colombia y el fin de semana, si hubiera Liga, en su estadio viendo jugar a su equipo.

Pulido y con técnica refinada con los años, en la batalla de las ventas oído a oído, Vergara encontró a quien en más de una década como propietario de Chivas pudo más que él vender una idea, un proyecto de vida, una visión del futuro; así que lo de Matías no es poca cosa; más bien es obra titánica y el título lo confirma.

Claro está, que el discurso debe producir resultados y dos Copas Mx, una Supercopa y una Liga son ejemplo de que Almeyda es como técnico lo que como jugador mostró, puro profesionalismo, de lo que nunca se dudó y sí de que cuánto tiempo le daría Vergara en el banquillo, por fortuna, el argentino ha podido trabajar a su antojo; cómodo y legitimado, marcó deportivamente un camino a seguir: formar un equipo con futbolistas capaces, sean caros o muy caros, sin importar de donde vengan.

hector.gonzalez@milenio.com

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