Fue al balón

El maquiavélico Infantino

Cuando Gianni Infantino declaró que la FIFA nunca más debería andar los pasos que la desprestigiaron hablaba en serio; a él nadie lo juzgará como el Comité de Ética sí lo hizo con su predecesor, Joseph Blatter.

Nadie lo hará porque, desde el viernes 13 de mayo en el Congreso 66, ese comité, así como el de apelaciones, auditoría y reformas perdieron autonomía y razón de existencia, ahora dependen del ánimo del presidente y su todopoderoso secretario, puesto que además ocupa una mujer por primera vez.

La inmediata reacción de la tomada de pelo fue que el titular del comité de auditoría renunció, pero ni eso evitó que en un acto grotesco Infantino por decreto concluyera con la crisis, porque “miramos hacia adelante con un futuro prometedor”.

La táctica fue sencilla. Gianni lanzó en la Ciudad de México un señuelo apetitoso: la designación de una mujer para el segundo puesto más importante en la FIFA, con lo que se ganó a los promotores de la equidad de género; la aparente nota del día resultó un éxito, portales y diarios recuperamos la imagen de la colaboradora en Naciones Unidas, esposa, madre de tres hijos y con notas altas en misiones alimentarias en Kosovo, Liberia, Nicaragua y Sierra Leona.

El presidente, que después de las reformas de febrero atiende exclusivamente la política, y su secretaria, la senegalesa Fatma Samoura, quien ve por la administración, están desde entonces blindados, tampoco correrán la suerte de Michel Platini, existan o no indicios de futuros malos manejos y al término de sus mandatos podrán ser laureados, el fin de la estrategia.

Ese día, Infantino también anticipó: “Es crucial que el proceso de designación de la sede para el 2026 (al que aspira México) debe ser a prueba de balas”. Un adorno también del ítalo-suizo.

El sonriente Infantino no pudo elegir mejor momento ni mejor país para actuar con maquiavélica perversión y cinismo, todo lo cual lo retrata a él y a la nueva FIFA sumisa.

hector.gonzalez@milenio.com

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