Fue al balón

Los males del futbol mexicano

Los cuatro temas que más alarma pueden provocar en cualquier directivo del futbol son: el racismo, el doping, la violencia y el arreglo de partidos. En todas, y cualesquiera de sus combinaciones, estos males conducen a enfermedades terminales.

Del racismo tenemos ejemplos, desde los insultos que un árbitro recibió en la Copa Mx en un partido Atlante-Pachuca, hasta los clásicos cariños (tampoco confirmados) del caso Verón-Quintero de la Liguilla más reciente. Y hay otros.

Lo último, el tan llevado y traído “puto” que el Sistema de Monitoreo Antidiscriminatorio que opera para la FIFA reportó en la Copa del Mundo de Brasil 2014 y aun más reciente en el partido México-El Salvador de noviembre, y que provocó sanción económica y avisó de próximas medidas de no corregirse la conducta de los fanáticos mexicanos.

Del doping hay también de dónde hacer cuento; Salvador Carmona, Aarón Galindo, el Gato Ortiz, el clembuterol, la Copa Oro del 2011, dos casos en 2013 en la Liga Mx revelados a medias y ahora 29 casos positivos entre 2011 y 2013 de los que no se tenía noticias. Alejados del sospechosismo, al menos deberíamos ya saber a estas alturas de qué sustancias dopantes se trata y por qué se ocultó, sin que ello implique que se actuó de mala fe, quien sea que haya decidido no ventilar públicamente, en su momento y en su medida esos controles ciertamente internos.

Un tercer mal: la violencia. Si bien nunca ha estado lejos del futbol, de México nunca había estado tan próximo con esta dosis de cínicos con que sus promotores y ejecutores se comportan y la asumen como un modo de expresar su ¿pasión? En la era de las redes sociales, de las miles cámaras en que se convierten teléfonos y dispositivos móviles, no hay ya espacio para el anonimato. Lo peor ahora es que no les importa ser grabados.

Solo espero que el cuarto mal no llegue, porque si ya está aquí, se sabrá. 

hector.gonzalez@milenio.com

twitter@hglezvillalba