Fue al balón

Es la dictadura de los árbitros con WhatsApp

Lo venían calentando desde que echaron a Edgardo Codesal de la Comisión de Arbitraje; molestos por las “repetidas faltas de respeto” que han recibido de futbolistas, directivos de micrófono y periodistas en “programas deportivos de mucha audiencia queriendo dictar cátedra”, la posibilidad de la huelga (mejor dicho “paro”) asomada en cada jornada del Clausura. Y solo la Jornada 10 presentó las condiciones idóneas para estallarla.

El amago de cabezazo de Pablo Aguilar –del América- contra Fernando Hernández y la mano de Enrique Triverio –del Toluca- encima de Miguel Ángel Flores precipitaron el ánimo incendiario de quienes optaron por la fuerza antes que el diálogo. Lo hicieron así porque ya traían ganas de un desquite, no importando las afectaciones, ni siquiera las propias.

No es casual que el paro estallara ese mismo viernes que anunciaron los 10 y 8 juegos de suspensión, no es casual porque se celebraría un Veracruz-Puebla sin público; ¿se imaginan lo que hubiera sido anunciarle a unos 20 mil aficionados que el partido en el Pirata Fuente no se jugaba por ausencia de árbitros? Sería el episodio dos de lo que quedó registrado ante Tigres. Pero no habiendo gente en el estacionamiento, túneles ni tribuna, por el de veto que se aplicó, tampoco acontecieron daños colaterales.

Fue un paso calculado y ejecutado desde semanas previas vía WhatsApp, la herramienta que hizo posible la perfecta articulación de un gremio que se crecía débil, disperso y controlado; todo lo contrario, la capacidad organizativa de los árbitros nos tomó por sorpresa a todos, principalmente a una Federación Mexicana de Futbol ensoberbecida. Si ya mandaban en la cancha, ahora también lo harán en la mesa; es una nueva generación de árbitros, son arrojados, ambiciosos, están asesorados y traen datos como pasar armar otra rebelión. 

hector.gonzalez@milenio.com

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