Fue al balón

El paraíso azul de Paco Jémez

El aficionado cruzazulino cultiva dos valores por igual, la fascinación y el entreguismo; no bien aterrizaba Paco Jémez en México y ya se le adoraba como a un salvador que venía a sacar lo mejor de un Cruz Azul enlodado hace décadas en un vaivén de buenos y malos torneos, ninguno excelente, no desde 1997, no desde el último campeonato de Liga.

La directiva ha explorado uno y otro perfil de técnico, éste y otro jugador, siempre con el mismo promotor, o con su intermediación, siempre también con los mismos resultados; la constante ha sido una y otra vez quedarse cerca del título, tan próximos que seguro ya no duele, sino que provoca la risa, la mofa, la burla que ya es muy de los cruzazulinos.

Por esos años, por esas décadas de solo saborear la hiel es que (sino, qué) el aficionado de La Máquina se entrega pasionalmente a los nuevos proyectos, con un entreguismo tal que no admite crítica ni da cabida al pensamiento lógico, mansamente acude a un nuevo llamado y celebra un empate ridículo, de vergüenza, ante un rival que jugó media hora con un hombre menos y al que apenas le quitaron un punto.

Lo cierto, más que el fiasco que fue el empate del sábado, es que Paco Jémez ya se habrá dado cuenta de que cayó en el paraíso; si fracasa se dirá que le costó adaptarse, no es su culpa, sino de la directiva que probó con un extranjero cuando se necesitaba de un proyecto casero; si tiene éxito, entonces lo adoptarán a perpetuidad y le erigirán un monumento.

Pero si apenas cumple con una buena temporada y una mala Liguilla, a la que quizá ni entre, Jémez podrá excusar que los refuerzos llegaron tarde, que no pegaron y entonces la máquina de dólares se pondrá a trabajar para seguir generando la misma ilusión sin sustancia que alimenta la fascinación del aficionado cruzazulino, como a ningún otro.

hector.gonzalez@milenio.com

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