Fue al balón

El laberinto Osorio

El infortunio le compuso el juego a temprana hora a Juan Carlos Osorio y nadie puede saber si él mismo hubiera tenido la voluntad de hacerlo avanzada la contienda con la misma eficacia que las circunstancias obligaron.

El colombiano se había decantado por Javier Aquino por una banda, pero una lesión obligó a un cambio al 18’. Ya ganaba Venezuela. Hasta antes de ese episodio, Hirving Lozano era el jugador más influyente en el duelo por su lado.

Jorge Torres Nilo incursionó por la lateral izquierda y su futbol le alcanzó para 45 minutos, cuando Miguel Layún lo relevó en las mismas funciones, pero como un mejor referente.

Con el tiempo encima y el propósito de no ceder un juego ganable ciento por ciento, Osorio mandó a Javier Hernández al campo por Jesús Molina, el volante fijo de contención y quien además ya daba ventajas con una amarilla. Vinieron los mejores minutos de México.

Osorio fraguó al fin un ataque feroz, más por izquierda que por derecha, cada pelota lastimaba en casi cualquier zona del campo venezolano. ¿Cuestión de tiempo para que cayera el gol? No, cuestión de capacidad. Si bien no era la noche de Chicharito, su sola presencia era imán para los defensores.

Aparecían los binomios y los trinomios, las combinaciones, pero ninguna bola llegaba a la red, hasta una genialidad acabó en el 1-1. Nueve jugadores mexicanos pisando el área rival, la jugada inició tras un infructuoso intento por derecha, Guardado cambió el sentido, dio para Moreno, éste a Layún pegado a la línea, luego a Corona, Tecate encaró al que le salió y recorrió diez metros metiéndose hasta el punto penal, desde donde disparó a gol.

Mal hará Osorio, como seguirá haciendo, en armar cuadros según el rival, tan fácil que es irse con los mejores, con el riesgo de que empecinado en la razón que le dan sus 10 juegos sin derrota quede atrapado en su laberinto de ideas, y con él la selección.  

hector.gonzalez@milenio.com

twitter@hglezvillalba