Fue al balón

El imprescindible Guardado

Para medir la importancia de un futbolista en la cancha no basta con fijarse en los minutos que contabiliza, es suficiente con ver qué tan bien sale en la evaluación de sus deberes, si hace o no, y qué tan bien, lo que su posición exige.

En cada juego y al final de la temporada pasada de la Eredivisie Andrés Guardado fue vitoreado por el público del PSV Eindhoven (Philips Sport Vereniging, la Asociación Deportiva de Philips; para los que no sepan); se desplegaron banderas mexicanas, una monumental particularmente espectacular, y hasta voló algún sombrero charro; coronados campeones, no podía ser mejor el reconocimiento para un mexicano triunfador, éste sí.

El Principito se lesionó el tobillo izquierdo en el juego de la UEFA Champions League contra el Manchester United, ganaron 2-1 en el Philips Stadion y su técnico, Cocu, lo lamentó desde el primer momento esperando el mejor de los pronósticos; tan imprescindible debe ser Andrés en su cuadro como para acumular en cinco de seis juegos disputados en la Liga la cifra de 82 por ciento de pases correctos; es decir, el mexicano no es de los que regala la pelota y señala al destinatario.

Guardado registra 323 pases en 437 minutos, no tiene goles, pero no los necesita para que se le valore, y de ese total de pases 269 fueron bien entregados.

Ya en selección, la Copa Oro no se hubiera ganado sin sus goles, aunque tampoco sin la inesperada y lamentable manita de Mark Geiger, el árbitro estadunidense del que nos seguiremos acordándonos por décadas.

Con tan pocos mexicanos en Europa, y menos en plenitud, es comprensible que la Dirección de Selecciones emprenda la misión de enviarle a su kinesiólogo para recuperarlo a tiempo para el 10 de octubre, para la cita con Estados Unidos en la disputa del boleto a la Copa Confederaciones con el Tuca Ferretti a la cabeza.   

 

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