Fue al balón

"Chucky", Jesús y el arte de negociar con Europa

Todo empezó en octubre del 2016, una llamada de Marcel Brands, director deportivo del PSV Eindhoven, activó la alarma en Pachuca. Hirving Lozano estaba dispuesto a salir del club que lo reclutó a los 10 años al terminar el Apertura para jugar en la Eredivisie.

Lozano venía de ser campeón del Clausura y sus bonos estaban al alza, Porto, Celta y otros se sumaron y la del equipo de Vigo “era muy buena oferta, nos interesaba mucho”.

Entonces el presidente Carlos Mourinho y su yerno Miguel Ángel Álvarez se reunieron con Martínez en Pachuca; la amistad de muchos años motivó la operación para disuadir a Lozano de jugar en España; la diferencia entre los deseos de Jesús y los del Chucky abrió la puerta para un acuerdo: se quedaría hasta mayo del 2017. Pachuca calificó al Mundial de Clubes y Jesús quiso extender la estancia del jugador, pero éste ya no cedió.

Chivas apareció en el inicio de todo con un ofrecimiento no formal de 250 millones de pesos que lucía irresistible (por Isaac Brizuela ya habían pagado 100 mdp en diciembre del 2014 y por Rodoldo Pizarro el doble en 2016). Pero la etiqueta de intransferible lo frenó todo. Por si fuera poco, esos 15 millones de dólares no competían con lo que el PSV más adelante anunció en una carta confidencial que envío al Pachuca, cumpliendo con el artículo 18 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia del Jugador, antes de poder contactar a Lozano.

Descartado por el Chucky, no por Martínez, el Celta se mantuvo en la órbita hasta el último momento, pero las cláusulas que elevarán el costo de la transferencia final al 100% al PSV -según su rendimiento- impulsaron un contrato flexible, novedoso, y el resto fue obra de la habilidad negociadora del Jefe Tuzo, que en 20 años convirtió al Pachuca de un club de unas 50 personas a una empresa de futbol que emplea a 3 mil 700 y que además vende caro.

hector.gonzalez@milenio.com

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