Fue al balón

Las dos Alemanias y el único México

La Alemania de Joaquim Löw se prepara para ganar el doblete en el Mundial de Rusia 2018, y México para competir dignamente; entendiendo esas distancias podemos hacer análisis, por mi parte, me centro en los cómos.

La nueva generación alemana de la Confederaciones es producto de un proyecto que arrancó con el siglo, después de la Euro Bélgica-Holanda. Esa catástrofe de la Die Mannschaft alentó a que la Deutscher Fussball-Bund, la Bundesliga y sus clubes adoptaron un modelo de aprovechamiento del talento a partir del cambio de enfoque; llevarían la pelota al pasto e introducirían la habilidad antes que la potencia, sin renunciar al sello histórico: orden/disciplina. Nacieron las academias, donde el aprendizaje arranca a los 6 años y culmina por ahí de los 21. De ahí salió Julian Draxler. Pasó por ahí también la base de la escuadra absoluta que ve por el televisor la defensa del prestigio alemán en suelo ruso. Alemania dejó de ser un quipo de contacto y se reinventó virtuoso.

La prueba de fe del proyecto fue en la Final de la Champions League del 2013, ¿Recuerdan qué equipos la jugaron? ¿Cuántos jugadores alemanes había en Wembley. Ninguna casualidad. Eso allá. En contraste, en México cada club tendrá al menos diez extranjeros titulares en la plantilla para el Apertura 2017, sin que sus fuerzas básicas gocen de garantías para llegar al primer equipo, con sus honrosas excepciones.

La semifinal del jueves en Sochi confronta esas dos formas de ver el futbol, el enfoque resultadista que también provoca felicidad –momentánea-, y el enfoque sustentable alemán que alcanzará para ganar las Copas del Mundo que quieran, y si no, al menos para estar en las Finales, mientras que México tiene a su mejor generación, única, a Juan Carlos Osorio y sus rotaciones, la alquimia y el azar.

hector.gonzalez@milenio.com

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