Fue al balón

La ética no juega futbol

Según el Código de Ética de la FIFA, ésta “asume la gran responsabilidad de velar por la integridad y la reputación del futbol en todo el mundo”; de ahí que “se esfuerza por proteger la imagen del futbol y la propia para evitar que métodos y prácticas ilegales, inmorales o contrarios a los principios éticos, puedan empañarla o perjudicarla”. Muy bueno como manifiesto, muy malo como realidad.

Algo falla en la FIFA, y la falla es de tal magnitud que las designaciones de las Copas del Mundo de Rusia 2018 y Qatar 2022 están bajo investigación de la justicia suiza a petición de parte, y no por deseo propio, sino porque no había de otra.

La propia FIFA reconoció el martes que “aparentemente, se sospecha que en determinados casos se realizaron transferencias de capitales relacionados con Suiza”; eso no es otra cosa que indicios de sobornos para hacer de Rusia y Qatar las próximas lustrosas sedes mundialistas.

¿Por qué es tan importante que la FIFA se pronuncie como si no tuviera la cara sucia? Porque la corrupción permea todo lo que está debajo, lo mancha y contagia.

Ahí tiene usted el partido entre las selecciones de Camerún y Costa de Marfil en la eliminatoria rumbo a la Copa Africana de Naciones 2015

Deliberadamente renunciaron a atacarse en los minutos finales del juego que celebraron ayer en el estadio de Abiyán, el empate les aseguró ser primero y segundo del grupo, en perjuicio no de la República del Congo, que de cualquier modo calificó como mejor tercero, sino de la ética -traducida en Fair Play- que dice defender el juguete de Joseph Blatter.

Le decía que la ética no juega el futbol, pues así como la FIFA no puede presumirse convincente en sus prácticas, por qué habríamos de esperar que El Cubo Torres -o cualquier otro futbolista- renunciara a un gol anotado con la mano, como el del martes en Veracruz.

hector.gonzalez@milenio.com

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