Fue al balón

El desgaste del presidente

Ricardo Paláez asumió como presidente del América en diciembre del 2011, el equipo de Emilio Azcárraga había firmado un torneo desastroso, perdió todos los clásicos y ganó tres juegos.

El América hizo el ridículo ante Chivas 3-1 en el Azteca, también frente al Cruz Azul 3-1 en el Azul y Pumas se unió al carnaval para ganarle 1-0; ni quién pusiera de pie a este equipo desangelado, con el horizonte perdido y sin proyecto, sobre todo.

Quince puntos le merecieron a los de Coapa el penúltimo sitio en la tabla, con la mitad de unidades que el líder Chivas; el campeón fue Tigres, pero eso es solo anécdota.

Lo que vino después fue la reestructura y junto con pegado más aciertos que yerros, hagan el balance, en frío; quedan los campeonatos de Liga del Clausura 2013, con Miguel Herrera en una Final épica ante un Cruz Azul absurdo, también el del Apertura 2014, con un Antonio Mohamed ajeno, anodino, llevado al podio por la inercia del buen equipo que anuló a Tigres.

También quedan los menos destacados, pero valiosos, campeonatos de la Concacaf, el del Gustavo Matosas (2014-15) y el de Ignacio Ambriz (2015-16); cuatro títulos en cinco años, que se cumplirán en poco tiempo, el lustro que enmarcaría el fin de un ciclo que merece su etapa de reflexión, su pausa. No veo a ningún otro directivo, como lo ha sido Ricardo, con números tan regulares, no pese a los vaivenes en el banquillo; lo demás, la crítica sistemática, huele a animadversión de quienes lo han comprado de rival por razones personales más que profesionales.

Pero esa curiosa estabilidad, con resultados, no la han tenido Pumas, Chivas ni Cruz Azul en el mismo lapso y por eso a Peláez lo extrañarán por igual críticos y beneficiarios, porque es inevitable que luce ya como un presidente cansado. 

hector.gonzalez@milenio.com

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