Fue al balón

La radicalización de Cruz Azul

Hasta donde se creía, Eduardo de la Torre, el director deportivo de Cruz Azul, fue a España en busca de Paco Jémez a finales del 2016 para intentar que el equipo presentara, a partir de su contratación un rostro alejado del signo del fracaso permanente.

Para muchos, y me incluyo, el torneo pasado el Cruz Azul de Jémez fue uno de los equipos que mejor juego desplegó, y sin embargo se quedó fuera de la disputa del título gracias a un empate con Pachuca en el torneo de su presentación; si imaginó que el futbol mexicano sería otra cosa, aprendió rápido que acá cualquier cosa puede pasar, a diferencia de la Liga de España donde escudo es destino, porque compiten dos, a lo mucho tres por el título.

De enero a mayo el entrenador palmense habló de “miserias”, de “cosas malas” en el equipo, hasta de “mala suerte”; también criticó a los árbitros y ahora le mostró el dedo a un aficionado que, según él, amenazó a familia en el reciente partido contra Toluca en el Azul. Ojalá lo probara, ojalá sea identificado. Ha tenido de todo la todavía breve aventura de Paco Jémez en México, de todo, menos éxitos; no tendría por qué ser diferente lo que venga en el Apertura.

En La Noria ya no queda alguien sensato; ya no hay quién escuche, solo un presidente que calla o solamente habla con sus cortesanos, el entrenador insulta y reta a los medios, también pinta dedo a la tribuna (lo que ya le costó una investigación), y hasta quien maneja las redes sociales del club bloquea en Twitter a los críticos.

Ese es el Cruz Azul es hoy, radicalizado en sus conductas, también es una institución que a pesar de todo conserva lo que esencialmente lo ha definido desde hace dos décadas: siempre encuentra alguna creativa forma de seguir decepcionándonos. 

hector.gonzalez@milenio.com

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