Fue al balón

¡Que nadie llore por Italia!

Luego de 14 asistencias consecutivas a la fase final de la Copa del Mundo, La Nazionale fracasó en su intento por llegar a Rusia 2018. Relegado por España, que se quedó con el Grupo 7, el equipo de Giampiero Ventura fue incapaz de doblegar a Suecia a dos juegos de repechaje, ningún gol conseguido y sí uno recibido; ni siquiera cerrar la serie en San Siro le significó ventaja, fue sí la sepultura.

Italia vivió su apocalipsis, condenado por una tardía renovación y la soberbia que impidió a su federación, a sus seleccionados, a su entrenador y a sus seguidores darse cuenta del precipicio en que se asomaban desde Sudáfrica 2010 y luego en Brasil 2014, en ambas justas atorados en la primera fase, el indicio de que el fracaso se avecinaba. Ahí lo tienen.

Amanecen los diarios y portales con sendas reseñas del fiasco italiano, de una generación perdida y del resultado de malas decisiones que se ocultaron con una inexistente Liga potente, llena de “extranjeros” y en la que los nacionales apenas sobresalen; ninguno a la altura del reto que los aplastó la noche del 13 de noviembre, allá en Milán.

La Nazionale es la única selección campeona del mundo que no estará en Rusia; sí acudirán Brasil, Argentina, Uruguay, Alemania, Francia, Inglaterra y España, mientras que solo podemos fiarnos de las lágrimas de Gianluigi Buffon, la última figura de esa gran escuadra de la que apenas quedan escombros, la ruina de antiguas conquistas.

Después de Brasil (5), Alemania e Italia (4) figuran como las selecciones más ganadoras del Trofeo de la Copa del Mundo y de ese tamaño son la pérdida y el luto; por lo demás, el futbol italiano tiró en su regreso desde Solna 100 millones de euros en publicidad, imagen y contratos, un hueco que nadie llenará, porque Italia es Italia, pero el futbol no tiene tiempo para llorarle. 

hector.gonzalez@milenio.com

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