Fue al balón

La confusión de Miguel Herrera

Una cosa es que Miguel Herrera sea un tipo simpático, entretenido y hasta buena onda –digamos–, porque siempre atiende el teléfono, así sea para aclarar que no puede ofrecer declaraciones. Todo eso se agradece, nada que ver con lo antipático en que se convirtió Javier Aguirre o el inaccesible Hugo Sánchez.

Desde luego que el Piojo Herrera tampoco es el agrio Ricardo La Volpe, a quien era (y es) necesario traducir para medianamente entenderle, aunque ya no cuando solo atendemos lo que se puede ver en la cancha, ahí sí es nítido.

Nada que ver –les decía–, cualquiera de esos, con el Piojo, que tiene un poco de todos, sin alcanzar el genio que tampoco ellos traían consigo. Miguel es tan claro como el Vasco, tan arrebatado a la vez que narcisista como Hugo, y todo amalgamado con el verso de La Volpe. Claro, así revuelto arroja los mismos resultados que hace cuatro procesos mundialistas, nada para celebrar.

A todo esto, y a días del debut mexicano en la Copa Oro, el entrenador nacional acentúa sus confusiones. No sabe qué rumbo darle al equipo, y no es broma. Rodeado de los suyos es lógico que al menos en alguien encuentre la retroalimentación que por sí solo no se puede generar, pero por lo visto a Miguel lo rodean cortesanos, más que colegas capaces que lo saquen del laberinto de confusiones.

En tiempos del repechaje hacia Brasil 2014 la cosa no pudo salir mejor por la sencilla razón de que tomó lo que ya funcionaba en América y lo incrustó en la selección, pero apenas tuvo que probarse en el hierro, Miguel se ha quedado corto, ahí están la Copa del Mundo y la Copa América, y así se quedará en la Copa Oro.

No me crea, no me compre las ideas, solo vea y analice; el Piojo Herrera está confundido en conceptos tácticos, elección de hombres y objetivos. Tiempo al tiempo, pero no habrá ni Oro ni Confederaciones. ¿Y luego?  

 

hector.gonzalez@milenio.com

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