Fue al balón

La selección de futbol, de premio a juguete

Si lo dijo Luis Pompilio Páez, lo piensa Juan Carlos Osorio: “Le dimos armas suficientes al equipo, hubo una buena ejecución en el posicionamiento y lo que faltó fue la eficacia”.

El también colombiano resumía con retórica el partido contra Jamaica, la eliminación en semifinales de la Copa Oro: “Habrá un análisis individual y colectivo, también una autocrítica por parte de los jugadores, el esfuerzo fue muy bueno, lo otro ya es la calidad futbolística”; es decir, que no dispusieron material humano lo suficientemente bueno para ejecutar su infalible preparación táctica del partido.

Siguió don Pompi: “Esta es una invitación para ser mejores profesionales, entender mucho más el futbol; si falta definición, hacer más trabajo; cada uno puede mejorar, el futbol mexicano se tiene que levantar de esta caída, nuestro proceso es el Mundial, alguno de estos chavos tendrán posibilidades”. ¡Caramba! Concluyamos: fallaron los futbolistas, no las setecientas mil horas que Osorio y su gente dedica a ver videos y entrenarlos para ganar partidos que no sean de la eliminatoria, donde gobiernan con hierro.

Eso no es autocrítica, es crítica, es ver un lado, cuando la responsabilidad de poner a jugadores en posiciones en que no se desempeñan en sus clubes es exclusiva del cuerpo técnico, el mismo que imagina que en dos entrenamientos obtendrá lo que suele tomar semanas de trabajo: un funcionamiento de relojito suizo.

Hubo un tiempo en que el brillo que un futbolista lograba en su equipo le hacía merecedor de la selección, convertida hoy en laboratorio, un juguete cuyas piezas se meten a un balde y no importa que caigan de cabeza, total, siempre se podrá pretextar que “el futbol los premió a ellos y nos castigó a nosotros”. Un absurdo. 

hector.gonzalez@milenio.com

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