Fue al balón

Los bárbaros del futbol

Ya lo ve usted; la noche del domingo la cosa acabó de la chingada -sí, así- en el Estadio Jalisco. Algunos aficionados del Atlas decidieron que vengarse de sus homólogos del Monterrey por la eliminación era legítimo, casi un deber y así hacer patria rojinegra.

Les resultaba, a los bárbaros, imposible quedarse de brazos cruzados ante la afrenta de haberlos obligado a esperar un semestre más –al menos- para probar suerte en la búsqueda de un campeonato, ese frustrado objetivo desde hace 63 años. Uno tomó la botella, otro la piedra, éste otro una reja ayudado por uno más y así se produjo la estampida.

Es un milagro que no haya muertos; había ahí, en la trifulca y el miedo, niños, ancianos, hombres y mujeres que solo iban a ver un partido de futbol, no a morir. Corriendo junto a ellos, hacia atrás para resguardarse de la puerta que recién habían cruzado, policías tan sorprendidos y amedrentados como los aficionados mismos. ¡Quién no!

Ahí están las imágenes, los rostros, los destrozos, los lesionados, los detenidos y quienes deberán deslindar responsabilidades y sancionar, penal y administrativamente; al tiempo, la Liga Mx afirma que investigará, el Atlas repudió lo repudiable y la secretaría de seguridad pública de Guadalajara aun cree que 230 policías son suficientes para cuidar de 45 mil asistentes al estadio. Y nadie se ejercita en la autocrítica.

Ya lo ve usted, le decía, que en marzo de este mismo año fanáticos de Chivas le dieron de trancazos a los policías; fue entonces un clásico contra Atlas, casi matan a uno. Y de entonces a la fecha se ha aprendido poco, casi nada, como no se aprendió del Morelos, del Azul, de CU en tiempos de duelos Pumas-América y viceversa, y como no se aprende del tema un carajo en México, paraíso en el que pueden suceder cosas como la del domingo, en una noche triste que nadie quiere asumir.  

 

hector.gonzalez@milenio.com

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