Fue al balón

Una hoguera para el árbitro

Los árbitros están solos. El reciente capítulo de desencuentro de que se tiene noticia surge de la ausencia de un real liderazgo con el que se sientan respaldados; las críticas al trabajo de los nazarenos tiene su origen no en lo malos o buenos que puedan ser algunos o todos, sino en que el presidente Héctor González Iñárritu y Edgardo Codesal no han sido capaces de ser referentes para el gremio.

Por un lado, González Iñárritu carece de la trayectoria para enseñarles nada; luego entonces, se ha convertido en administrador de un negocio que desconoce y en tal estado de cosas el gremio se convulsiona apenas con la mínima queja; es un buen hombre en el puesto inadecuado para sus aptitudes, por tratarse de un sitio que demanda a alguien que sepa, no que -por mucha voluntad de que disponga- esté para aprender del negocio.

Por otro lado Codesal, que sabe del negocio, ha sido el pararrayos de cuanta queja se produce por decisiones que muchas veces escapan a la voluntad de los árbitros, desarmados a la hora de marcar o no una sanción, ¿o alguien puede dudar que se puede ser siempre certero con 22 futbolistas gritándote al oído, hostigando y procurando el engaño?

Que si falta capacitación, cierto, siempre será sana la actualización; que si hay mala fe, que si cargan la mano –como sugirió el presidente poblano–, habladas; en todo caso también falta educar a los futbolistas para no hacer trampa, para jugar sí al límite, pero concentrados, porque falta es falta así sea en el primer minuto como en el último.

Pero tenemos directivos llorones y futbolistas tramposos, la mayoría; afirman quienes ocupan esos puestos que es parte del juego, pero si el árbitro se equivoca, entonces eso sí esos son unos pendejos, ¿cómo así? 

hector.gonzalez@milenio.com

twitter@hglezvillalba