Fue al balón

Peñalba o el precio de denunciar a un árbitro

La imagen en la que Gabriel Peñalba presuntamente lanza un salivazo a Nicolás Castillo, autor del único gol con el que Pumas le ganó a Cruz Azul, el domingo en la cancha de Ciudad Universitaria, no es concluyente; es lejana, es difusa… aunque ofrece indicios de que algo pasó ahí, ¿tanto como para darle la razón a los universitarios en su queja? Como están las cosas, sí.

Se aprecia una reacción en Castillo que puede tomarse como indicio de un escupitajo; el goleador chileno se voltea inmediatamente y se lleva la mano al rostro con un gesto de pretender limpiarse… nada más. Es todo lo que hay.

Si tomamos en cuenta que en el caso de Diego Novaretti e Hirving Lozano el tuzo no reacciona ni cerca de lo que hizo Castillo, entonces Novaretti está condenado y la Comisión Disciplinaria se lo va a cargar. En ese partido entre León y Pachuca, en el que los visitantes golearon, el mexicano –es más- reacciona con un intento de codazo, y de la boca del defensa sale, según las imágenes, lo que claramente es un salivazo, lo que no se ve en el cruzazulino.

La Disciplinaria ya se equivocó sancionando a Peñalba con un juego por “juego brusco grave” en contra de Bryan Rabello y la verdad es que ni lo pisó; bien haría esa misma instancia en no hacer de esto un polvorín, porque claramente debió resolverse a favor de la apelación de La Máquina, que solo desperdició sus pesos, porque se paga por la revisión, por supuesto.

En el torneo pasado Peñalba, entonces jugador del Veracruz, denunció que el árbitro César Ramos “se forró”, o sea que se burló, aunque reconoció que hablar en ese tono le podría costar “30 fechas por lo que digo”, no se quedó con las ganas de hablar de “un árbitro que hoy la verdad nos cagó”. Gabriel empieza a pagarlos. 

hector.gonzalez@milenio.com

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