Fue al balón

México, en la era de la cínica corrupción

Alfredo Hawit, ex vicepresidente de la FIFA, ex presidente interino de la Concacaf y ex presidente de la Fenafuth, se declaró culpable de cuatro cargos de corrupción en los tribunales de Brooklyn.

Hawit recibió dinero para favorecer a la empresa argentina Media World en la repartición de los derechos de transmisión de la Copa América y la Liga de Campeones de la Concacaf, desde 2008; según la fiscalía, aceptó “cientos de miles de dólares en sobornos”. Irá a la cárcel; podrían ser de 20 a 80 años.

Como Hawit, hay otras decenas de imputados, todos con la real posibilidad de quedarse en alguna prisión de los Estados Unidos cuyo Departamento de Justicia emprendió la feroz cacería de los corruptos hace casi un año, con la masiva detención de funcionarios en un lujoso hotel suizo.

Hay quienes en este escenario, cada vez más abrumador, esperan que un mexicano caiga. ¿Por qué debería ser así? ¿Y por qué no? Ya se verá.

Lo que no ayuda a México es que Transparencia Internacional (su representación española) repruebe al 81% de las 209 federaciones de la FIFA porque “no tiene informes públicamente disponibles” y al 85% por no publicar “ningún informe de lo que hacen”, en los no aprobados está la Federación Mexicana de Futbol.

En el informe de este año sobre los riesgos de corrupción en el futbol mundial, Transparencia Internacional exhorta a la FIFA para que obligue a que sus miembros transitar de la opacidad a la claridad.

Y aunque TI destaca de México su avance en el terreno de los estatutos organizacionales y el código de conducta o ética, alerta que nada se sabe de sus informes financieros ni de sus informes anuales, omisiones que llevaron a la Concacaf a su actual estado de pudrición.

Afirmar que la federación de México, como las de Guatemala, Honduras, El Salvador o Trinidad & Tobago, es corrupta es excesivo, pero ¿cómo y con qué elementos suscribir, sin lugar a dudas, lo contrario? 

 

hector.gonzalez@milenio.com

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