Fue al balón

Juan Carlos Osorio, el técnico científico

Incontables son las horas que Juan Carlos Osorio dedica a estudiar a sus rivales, como a estas ahora mismo aún lo debe estar haciendo con Panamá, pero no solo a esos; ve videos, muchos, también de los equipos que son de su agrado, y de los que no lo son tanto. Lo hace en los días de trabajo y en los de descanso, en las concentraciones y siempre que puede. Siempre.

El colombiano tiene esa extraña fascinación, de no muchos, que raya en la obsesión por saberlo todo, escudriña en el perfil de los jugadores, en su potencial, si son altos, si son bajitos, si marcan o se proyectan, hasta dónde y si regresan, sin son más físicos o técnicos; y eso es poco; compara delanteros propios con los defensas contrarios, checa los centímetros de diferencia en la estatura con base en estadísticas y así se le van las horas.

Claro que no lo hace solo, tiene un equipo que lo acompaña en esa labor, uno que comparte su deseo y su búsqueda de la perfección futbolística. Y todo para que el día del partido, en sus papeles, y con tinta de dos colores, reseñe la estrategia, la mejor a su entendido, y la plantee a sus jugadores. No es un seleccionador solo de arengas, es más un técnico científico.

Osorio está lejos de las personalidades de Miguel Herrera, pero está más cercano a Ricardo La Volpe en el método; se parece más a Manuel Lapuente o Víctor Manuel Vucetich, que a Javier Aguirre, pero a la vez es totalmente distinto a todos ellos. Es un técnico científico, uno que domina las herramientas modernas de medición, alimentación y proyección del juego.

Osorio es un seleccionador que con base en datos recrea el juego en la mente, lo imagina, y no al revés, lo que lo hace diferente, novedoso, sin que signifique mejor, por eso lo perturbó tanto el 7-0 ante Chile, porque en su conclusión México al menos podía competirle y acabó mal. La explicación: el futbol no se mide, se siente. 

hector.gonzalez@milenio.com

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