Fue al balón

¡Chivas, pobres Chivas!

Los 13 años de Jorge Vergara ejerciendo de dueño en el Club Deportivo Guadalajara tiene por sello la inestabilidad deportiva; en aras de superar la financiera, lo recuerdo bien, en el 2002 un centenar de socios se aventuraron a venderle sus certificados al gurú que juraba llenar de trofeos las vitrinas y a ellos de dólares los bolsillos. Entonces le vendieron, certificados y alma, todo junto.

De entonces a la fecha solo un título de Liga puede presumir el empresario experto en solo prometer, como quien te asegura que con tal o cual producto adelgazas, te alivias, serás más lúcido o hasta rico, tal cual es su oficio de vendedor de suplementos alimenticios.

De entonces a la fecha, Vergara ha promovido, ejecutado o autorizado 25 cambios en la dirección técnica en la organización deportiva más popular de México y una de las dos marcas más reconocidas en el mundo, cuando del futbol mexicano se habla. Así de grande el daño.

Hoy, los sabemos, solo los técnicos muertos de hambre, los pasados de moda aunque ansiosos de volver al escenario, y los extranjeros vivales esperan llegar al banquillo de Chivas, pues ningún otro que aprecie su dignidad y lo razone puede someterse a los vaivenes de tan impredecible directiva que se deshace de técnicos –en promedio– cada 6.5 meses.

El despido de José Manuel de la Torre, "una medida institucional", como lo expone Vergara en sus redes sociales, tiene sustento –cierto–: el Chepo sumó apenas 7 de 24 puntos... pero el equipo iba para arriba, se lo aseguro; recuperados los lesionados, el equipo poco a poco retomaba conceptos e ideas del ex seleccionador nacional, pero fiel a la costumbre, la ansiedad pudo más que la cabeza fría y Chivas nuevamente barre con todo para empezar de cero, con jugadores cada vez más confundidos, una afición que se aleja y una directiva que se presume cuerda en su locura.

hector.gonzalez@milenio.com
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