Fue al balón

Chivas: de la expectativa al desencanto en 12 años

Recuerdo aquellos últimos días del 2002 en los que Jorge Vergara irrumpía en los medios de comunicación a diestra y siniestra, por delante el discurso motivador de lo que debía ser el Club Guadalajara, y había dejado de ser: una institución ganadora.

El miércoles 30 de octubre de ese año Vergara se había hecho del 87% de las acciones del club y cuatro más tarde vendió por 28 millones de dólares su antiguo predio; mientras, 26 socios disidentes impugnaban al nuevo jeque del futbol mexicano, se habían resistido a la generosa oferta de 6 millones de pesos por cada certificado y a cambio obtuvieron un litigio tan prolongado como inútil.

Tras la Asociación Civil surgió la Sociedad Anónima de Capital Variable y en 2009 sobrevinieron más cambios, ahora el escudo; “se modernizó”, pretextó Vergara. Se podía comprender la complacencia de una afición anestesiado por el encanto de quien ofrecía esplendor, más títulos en la vitrina, a los mejores futbolistas en la cancha y al mejor entrenador en la banca.

A 12 años de que Jorge comprara a Chivas, lo tiene como último de la tabla de porcentajes, una de las peores afrentas en un siglo de vida; en mayo el club cumplirá 109 años y para entonces todos tendremos claro en qué división los celebrará.

Aun hoy, mirando al precipicio, Vergara afirma que Chivas será campeón de Liga, signo inequívoco de la ausencia de autocrítica, es la contagiosa soberbia que permea a sus jugadores y éstos la lucen en la cancha, como en Tuxtla Gutiérrez el sábado, mal que les impide mirarse a los ojos y batirse en el campo como los más humildes.

El año pasado, invitado a una conferencia en el ITAM, Vergara fue cuestionado por un asistente; éste lo requirió: ¿Las Chivas no van a descender?

Entonces el dueño de Chivas contestó: “Te lo prometo, sobre mi cadáver descienden”..  

 

hector.gonzalez@milenio.com

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