Atentos con...

La mejor generación posible

Poco qué destacar de la lista de los 23 convocados que presentó Miguel Herrera para armar a la selección mexicana de futbol que estará en la Copa del Mundo de Brasil; el 85 por ciento de ésta la teníamos en la cabeza de todos, faltaba saber quién sería el tercer portero (Muñoz o Talavera), si al “Maza” Rodríguez alcanzaba banca y si otro medio por derecha era más que Isaac Brizuela (Aquino).

No se ve mal este Tri, si partimos de que quienes debieran ser hoy los titulares: Corona, Reyes, Márquez, Moreno, Aguilar, Layún, Herrera, Montes, Guardado, Giovani y Peralta, son de los más competitivos, resumen un atractivo equilibrio entre la experiencia sumada en Ligas europeas y su desempeño en la mexicana.

Como todas las listas mundialistas, esta es una para trabajar con el tiempo justo, porque si no hay un mejor lateral derecho que Aguilar tampoco alarma, tampoco si el Tri podría flaquear en la contundencia, hay tiempo, poco pero lo hay; todas las selecciones afrontarán sus dificultades, empezando por el anfitrión Brasil, que llega sin figuras deslumbrantes como en otras ediciones, basta leer las críticas a Felipao, quien pronunció un severo: “Voy hasta el infierno con ellos”. ¿Por qué Miguel no lo haría también?

Si se quiere plantear que México tiene a la mano a su peor generación de futbolistas, propongo que sean los resultados en Natal, Fortaleza y Recife los que digan si lo fue, si lo es. Después es más difícil ofrecer disculpas que reconocimiento. 

Insisto, no había más de dónde elegir, porque México no produce talento a cántaros, nunca fue así ni lo será por los sabidos problemas estructurales del fútbol federado y porque los intereses comerciales se interponen. 

Vaya, no importa ver atrás, quiénes se quedaron fuera, lo relevante es que “el Piojo” Herrera sea capaz de armonizar a los elegidos según la filosofía futbolística que le permita no sólo competir ante Camerún (13 de junio), Brasil (17 de junio), Croacia (23 de junio) y lo que resulte, sino ser protagonistas, la tarea más complicada y la razón por la que se debe alimentar una expectativa sana.