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¿Y qué culpa tiene Atlante?

Cuando el 2 de diciembre los dueños del futbol mexicano otorgaron su aval para la venta del Atlas a Grupo Salinas, propietaria desde 1996 de Monarcas Morelia, seguro también les pasó por la cabeza que lo hacían en perjuicio del Atlante, equipo que, como el tapatío, peleará por no perder la categoría de la Primera División entre enero y mayo.

Atlas, con sus 97 años de historia (15 de agosto de 1916), era hasta antes del citado lunes, un club que se jactaba de permanecer fiel a sus orígenes, o en palabras de su último presidente surgido de una asamblea de socios, Eugenio Ruiz Orozco, un club en que los valores se destacaban: “familia, cultura y deporte son los ejes sobre los que cuatro generaciones de tapatíos han sumado dedicación y talento para el beneficio de nuestra ciudad y orgullo de nuestros colores rojinegros”. (“Pasión rojinegra… Casi 100 años de historia”. Grupo Milenio. 2013).

Ahora Atlas forma parte del régimen de un solo dueño y un capital inmenso, a la medida del hombre que ocupa la posición 111 de entre los más ricos del mundo, con una fortuna de unos 9 mil 900 millones de dólares (Forbes, marco del 2013).

La favorable votación hacia GS para la adquisición de los Zorros privilegió la probidad y solvencia de un miembro de la Federación Mexicana de Futbol, ante la siempre tentadora posibilidad de que nuevos y advenedizos empresarios se integren a la familia del balompié mexicano, respaldados por un capitán dudoso que al cabo de pocos años provocara más dolores de cabeza de los que pretendía erradicar.

A la incuestionable buena decisión de dar visto bueno a lo ya conocido y probado, antes que a la aventura a tierra de nadie, se sumó el deseo de salvar a uno de los clubes con más larga tradición en el futbol nacional, y aunque no sin oposición, la venta fue finalmente decidida ese lunes controvertido en el que demás, junto con pegado, se perjudicó gravemente al Atlante.

Pasándose por encima lo decidido en mayo del 2013 sobre la erradicación de la multipropiedad en un plazo de 5 años, así como la prohibición de que los socios crecieran su participación en la Liga en los próximos 3 (el que tenía un equipo, o dos, así debía seguir), de facto también se le dio valor a un club y a otro:

¿Entonces, importa más procurar la salvación del Atlas, más que la del Atlante o cualquiera otro club que se involucre en el descenso? ¿Por qué? ¿Así también decidieron que la plaza de Guadalajara les importa más que la de Cancún? ¿De eso se trata todo esto?

Los resultados de lo decidido ya los vemos, todo lo que Atlas no pudo contratar en años de crisis financiera y deudas (380 millones de pesos al día de la venta) ahora lo tiene a la mano gracias a Monarcas Morelia, que desmantelado, padece el sacrificio de contribuir a que lo recientemente invertido, en el habitante de Colomos y el estadio Jalisco, rinda lo que debe.

En tal condición de las cosas, ¿quién puede afirmar que en el futbol mexicano el Fair Play es ley de vida, como cacarea la FIFA, o que la FMF se comporta moral y éticamente de forma imparcial, al margen de lo que sólo la pelota debe decidir, el próximo descendido?

¿Quién puede afirmar, que en desigual condición, Atlante se salvará? ¿Y qué culpa tiene este club de que a la FMF le importa, implícitamente, más Atlas que otro club histórico del futbol, también con 97 años (18 de abril, 1916) de rica historia, abolengo, incluso por meses más antiguo que las márgaras?

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