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El peor sorteo para Concacaf, pero el mejor para México


A la selección mexicana de futbol no le han faltado oportunidades para trascender en las Copas del Mundo, pero ha sido el Tri el que no ha cumplido con su parte en esta historia, y aunque de pronto enfrentarse a Camerún, la anfitriona Brasil y Croacia no dé una buena impresión, mejor que a Costa Rica, Estados Unidos y Honduras sí que le fue a la peor selección calificada por el área de la Concacaf, llegando vía el repechaje y yendo hasta el fin del mundo por el penúltimo boleto; pero, paradójicamente, es el representativo que más posibilidades tendría de superar la fase de grupos.

Que se lamente Costa Rica, que se enfrentará a tres ex campeonas del mundo, selecciones con abolengo, prestigio y figuras, tales son la Uruguay de Luis Suárez, la Inglaterra de Steven Gerrard y la Italia de Gianluigi Buffon.

Que se lamente Estados Unidos, porque FIFA le puso delante a la selección en la que su técnico se consagró en la cancha en 1990 y en el banquillo en 2006; tiene enfrente nada menos que al mejor futbolista del momento, CR7, y a la enigmática Ghana.

Y que se lamente Honduras, porque está citada con la Francia de Franck Ribéry en Porto Alegre, donde tendría que vivir el más infeliz de sus días, antes de chocar con Suiza y Ecuador, que llega a su tercera Copa del Mundo tras 2002 y 2006.

Pero México no tiene de qué lamentarse, pues aunque históricamente ha demostrado su incapacidad para aprovecharse de las ventajas que el futbol le otorga, éste mismo se ha encargado de renovarle la membresía de la fortuna en cada sorteo, vea que desde entonces la fase de grupos no ha sido un problema relevante.

Pasa que, desde el regreso de México a las Copas del Mundo, el cuarto juego sí que siempre nos ha dejado la sensación del deber no cumplido; más allá del esfuerzo y las ganas, el sinsabor apunta a la incapacidad para estar mejor preparados, básicamente desde la cabeza.

Pasó contra Bulgaria en el Giants Stadium, cuando Alberto García Aspe falló el primer penal en 1994; ocurrió ante Alemania en La Mosson, cuando un pase de Luis Hernández a Francisco Palencia, de cara a la portería, acabó con Andreas Koepke de héroe, aún con el marcador 0-0 en 1998.

Se repitió la tragedia ante los Estados Unidos en Jeonju, escenario en el que Javier Aguirre demostró que la táctica no lo distingue, como sí otras tantas buenas cualidades suyas; sacó a su mejor hombre al minuto 28, Ramón Morales, perdiendo ya 0-1 en 2002, un movimiento que frustró las posibilidades mexicanas en un Mundial tan lejano en lo geográfico como lo emocional, con las horas volteadas y el corazón estrujado.

Años más acá, cuando contra Argentina en el Red Bull Arena de Leipzig nos tragamos la más inmerecida de las eliminaciones con el irrepetible golazo de Maxi Rodríguez en

el fatal alargue del 2006, un juego en el que la albiceleste por primera vez ante México dispuso de más jugadores en marca que creación, un duelo al que le faltó –y le ha faltado- análisis, pero que se perdió en la vaguedad y adjetivaciones de los comentaristas del momento.

O ya de plano me remito al Soccer City de Johannesburgo, nuevamente con Aguirre, pero en el 2010, cuando un partido mal diseñado ante Argentina mandó al Tricolor a casa prematuramente, en la gestión más arrogante del "Vasco", en la ocasión en que debió tomar revancha del 2002.

@hglezvillalba

A la selección mexicana de futbol no le han faltado oportunidades para trascender en las Copas del Mundo, pero ha sido el Tri el que no ha cumplido con su parte en esta historia, y aunque de pronto enfrentarse a Camerún, la anfitriona Brasil y Croacia no dé una buena impresión, mejor que a Costa Rica, Estados Unidos y Honduras sí que le fue a la peor selección calificada por el área de la Concacaf, llegando vía el repechaje y yendo hasta el fin del mundo por el penúltimo boleto; pero, paradójicamente, es el representativo que más posibilidades tendría de superar la fase de grupos.

Que se lamente Costa Rica, que se enfrentará a tres ex campeonas del mundo, selecciones con abolengo, prestigio y figuras, tales son la Uruguay de Luis Suárez, la Inglaterra de Steven Gerrard y la Italia de Gianluigi Buffon.

Que se lamente Estados Unidos, porque FIFA le puso delante a la selección en la que su técnico se consagró en la cancha en 1990 y en el banquillo en 2006; tiene enfrente nada menos que al mejor futbolista del momento, CR7, y a la enigmática Ghana.

Y que se lamente Honduras, porque está citada con la Francia de Franck Ribéry en Porto Alegre, donde tendría que vivir el más infeliz de sus días, antes de chocar con Suecia y Ecuador, que llega a su tercera Copa del Mundo tras 2002 y 2006.

Pero México no tiene de qué lamentarse, pues aunque históricamente ha demostrado su incapacidad para aprovecharse de las ventajas que el futbol le otorga, éste mismo se ha encargado de renovarle la membresía de la fortuna en cada sorteo, vea que desde entonces la fase de grupos no ha sido un problema relevante.

Pasa que, desde el regreso de México a las Copas del Mundo, el cuarto juego sí que siempre nos ha dejado la sensación del deber no cumplido; más allá del esfuerzo y las ganas, el sinsabor apunta a la incapacidad para estar mejor preparados, básicamente desde la cabeza.

Pasó contra Bulgaria en el Giants Stadium, cuando Alberto García Aspe falló el primer penal en 1994; ocurrió ante Alemania en La Mosson, cuando un pase de Luis Hernández a Francisco Palencia, de cara a la portería, acabó con Andreas Koepke de héroe, aún con el marcador 0-0 en 1998.

Se repitió la tragedia ante los Estados Unidos en Jeonju, escenario en el que Javier Aguirre demostró que la táctica no lo distingue, como sí otras tantas buenas cualidades suyas; sacó a su mejor hombre al minuto 28, Ramón Morales, perdiendo ya 0-1 en 2002, un movimiento que frustró las posibilidades mexicanas en un Mundial tan lejano en lo geográfico como lo emocional, con las horas volteadas y el corazón estrujado.

Años más acá, cuando contra Argentina en el Red Bull Arena de Leipzig nos tragamos la más inmerecida de las eliminaciones con el irrepetible golazo de Maxi Rodríguez en

el fatal alargue del 2006, un juego en el que la albiceleste por primera vez ante México dispuso de más jugadores en marca que creación, un duelo al que le faltó –y le ha faltado- análisis, pero que se perdió en la vaguedad y adjetivaciones de los comentaristas del momento.

O ya de plano me remito al Soccer City de Johannesburgo, nuevamente con Aguirre, pero en el 2010, cuando un partido mal diseñado ante Estados Unidos mandó al Tricolor a casa prematuramente, en la gestión más arrogante del “Vasco”, en la ocasión en que debió tomar revancha del 2002.