Sobre héroes y hazañas

El llanto de los tenistas

La final de Wibledon 2017 evidenció los extremos polares del llanto humano. El croata Marin Cilic (apellido palindrómico, por cierto) rompió a mitad del partido en un tan dramático como emotivo lloro al advertir, justo cuando la desesperación invadió su espíritu, un problema físico en su pie izquierdo que le imposibilitó para desplegar las alas de un juego más libre, más espontáneo.

En la otra orilla el suizo hombre-leyenda Roger Federer vertió sus lágrimas tras la conquista de su octava Copa de Wimbledon: el máximo ganador en la historia del tenis profesional sobrepujando por una Copa del torneo inglés a Pete Sampras.

Marin Cilic, desconsolado, explicó: “Sin duda uno de los días más desafortunados. Muy duro emocionalmente, porque solo yo sé el trabajo realizado para llegar hasta aquí”. Cilic ya había batallado la mar en su triunfo contra Gilles Muller en cuartos de final, y fue terrible percibir en plena final aquella purulenta ampolla que entorpecía los reflejos de un pie estragado.

Dos estampas antagónicas, enemigas: el llanto del hombre que sufre ante la cruel adversidad de un destino trágico, sin poder hacer nada para plantar cara en la justa definitiva. Y el llanto del hombre que ha ganado todo en el tenis más granado del mundo. El hombre que lloró de júbilo al ver a su esposa y a sus hijos en la tribuna. El incombustible y carismático Roger Federer. 

gilpradogalan@gmail.com