Sobre héroes y hazañas

El reservorio del pasado

Siempre que hago un alto en el camino y quiero emprender con mayor aplomo el futuro pienso en un soneto de Miguel de Unamuno cuyo primer cuarteto dice: “Vuelve hacia atrás la vista caminante,/verás lo que te queda de camino;/desde el oriente de cuna el sino/ilumina tu marcha hacia adelante”. Es un reservorio espiritual muy importante pensar en las viejas glorias del pasado para arrostrar con mayor entereza el futuro. Y por ello recomiendo a los seleccionados nacionales, de cara al cotejo contra Nueva Zelanda en el Azteca, que encaren el futuro pensando en sus proezas anteriores: Oribe Peralta deberá evocar sus dos goles contra Brasil en la Final de la Olimpiada 2012; Rafa Márquez en los campeonatos conseguidos cuando calzó la camiseta blaugrana; los americanistas en su increíble título logrado frente al Cruz Azul; Luis Montes y Carlos Gullit Peña deben pensar en el título conseguido con el equipo esmeralda y en el ascenso del mismo club al máximo circuito. Y así en lo sucesivo, pero no se trata de mirarse el ombligo para refocilarse con la conquista de triunfos pretéritos. Se trata, en síntesis, de tomar nota respecto de la propia potencia para generar un hondo convencimiento de que la posibilidad de éxito es altísima. El soneto alecciona con un verso contundente: “Es del pasado el porvenir semblante”. ¿Qué significa? Significa que el futuro debe ser un reflejo del pasado. No Góngora (“que ayer maravilla fui”) sino Unamuno: “La lanzadera en su vaivén se anima”. Arduo ejercicio de concentración para arrancar al pasado sus frutos opimos. Otros versos del ejemplar soneto avisan: “Cabe volver las riendas del destino/como se vuelve de revés un guante”.

Hay en nuestro idioma dos expresiones de significado enemigo con las que me gustaría cerrar esta apresurada reflexión que quiere fungir como acicate: No “dormirse en sus laureles” sino “tener un segundo aire”. Volver al pasado áureo para fraguar un futuro luminoso.  


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