Sobre héroes y hazañas

La resaca Pacquiao

Quienes escribimos a favor de Manny Pacquiao hemos experimentado una decepción terrible tras la victoria de Floyd Mayweather Jr., una incurable resaca. ¿A qué obedece este sentimiento de frustración? Al malhadado triunfo de la estrategia defensiva. Lo mismo ocurre, pienso yo, a quienes deploran el esquema llamado catenaccio que diseñó el argentino Helenio Herrera (se juega mejor con diez que con once/ganaremos sin bajar del autobús) y que ha redundado en campeonatos mundiales obtenidos por la selección italiana del futbol profesional. Mis amigos suelen burlarse de mi inquina hacia Mayweather Jr., contrastada con mi admiración a la escuadra azzurra. ¿Por qué en el caso del boxeo aborreces las estratagemas ultradefensivas y al mismo tiempo admiras, en el caso del futbol, el férreo cerrojo de la defensa italiana? Con el ánimo de esclarecer lo que me ocurre pienso que la comparación no es justa. Italia ha ganado sus campeonatos con tesón y gallardía, sin alardes o aspavientos, mientras que, en la otra orilla, el moreno vencedor de Pacquiao ha llevado su presunción y su soberbia a extremos inimaginables. Antes del combate contra Manny el adorador del dios Mammón dijo que su trayectoria sobrepuja en méritos a la de Muhammed Ali, algo inverosímil y ridículo. ¿Ganó la pelea del pasado fin de semana? Sí, la ganó de manera inobjetable. Sus ardides defensivos representaron un verdadero crucigrama para el filipino, harto de perseguir sin fortuna a una presa elusiva, a un hombre de goma inalcanzable: un bailarín arrogante ni siquiera comparable a Enrique Maravilla Pínder, el panameño que fue liquidado por el gran lacandón Romeo Anaya. ¿Se acuerdan?

Si extremamos el afán simétrico advertiremos que, como en la celebérrima obra de Shakespeare, “algo está podrido en Dinamarca”, esto es, “algo huele mal en Las Vegas”. El boxeo de Mayweather Jr. es repulsivo, pero eficiente; nauseabundo, pero funcional; ignominioso, pero efectista; putrefacto, pero ganón. En síntesis y sin ir más lejos: una vergonzante maravilla.

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