Sobre héroes y hazañas

El portentoso Goycochea

Si hacemos un recorrido mental para recordar a los principales arqueros en las gestas mundialistas advertiremos algunos inolvidables nombres: Dino Zoff, Lev Yashin La Araña Negra, Ricardo Zamora, Gordon Banks o Ladislao Mazurkiewikz, pero nadie, nunca, nadie, como el gran vasco Goyco, sí, Sergio Goycochea: el de la impresionante actuación en el Mundial de Italia (1990). Argentina llegó a cuartos y enfrentaba a Yugoslavia. Como en la narrativa de la historia de Raymond Quenau las versiones de lo que ocurrió en esa memorable tanda de penales son disímbolas. Cuenta Sergio Goycochea que tras haber fallado el dios Diego Armando Maradona él se le acercó y le dijo al 10 argentino tan seguro como confiado: “Tranquilo, Monstruo, voy a parar los dos siguientes”. Y así sucedió.

Cuenta Pedro Troglio que cuando Goyco paró el primero (Troglio también había fallado ante Yugoslavia) se tranquilizó, pero todavía se sentía culpable, con esa culpa enorme de quien falla un penal en certámenes de alto relieve. Cuando Pedro Troglio vio cómo Goyco atajaba el segundo frente a los yugos dijo para sí mismo “carajo, te debo un montón”. Argentina avanzó hacia semifinales y se mediría, palmo a palmo, contra la poderosa escuadra italiana que era local. El Pájaro Claudio Caniggia empataría el marcador para forzar, una vez más, a penales. En la tanda falló Roberto Donadoni y también erró Aldo Serena. Y una vez más el héroe fue Sergio Goycochea. La Final, contra Alemania, se resolvió cuando Andreas Brehme lanzó un derechazo que casi roza Goyco con su mano diestra.

En el vestidor, solitario, Sergio Goycochea lloró al saber que estuvieron a milímetros de ganar la copa, pero el mundo jamás olvidaría al fenómeno atajador de penales, el portentoso Sergio Goycochea que había viajado a Italia como suplente y que, tras la lesión de Nery Pumpido en la fase de grupos, pudo fraguar la proeza imperecedera. El gran Sergio Goycochoea, nadie menos.

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