Sobre héroes y hazañas

La poética del beisbol

Colorido y poético es el lenguaje del beisbol, deporte que, cuando se trata de las Grandes Ligas, le llamamos la gran carpa. El lugar de operaciones del lanzador, pitcher o serpentinero, se denomina montículo, lomita de las responsabilidades o centro del diamante. Las bases son almohadillas o colchonetas y quienes las roban son apodados estafadores. Metonimia de las bases son los senderos (“No hay gente en los senderos”). El home se llama de manera indistinta caja registradora, pentágono o receptoría. Los guardianes de los jardines o fielders son patrulleros. Mientras que, dentro del cuadro, al shortstop se le moteja parador en corto y el primera base es el inicialista. Al bateador que sufre tres lanzamientos buenos se le receta un ponche o un chocolate. Entre los disparos hacia home, por parte del abridor o relevista según sea el caso, encontramos tirabuzón, bola muerta, curva de las siete jorobas, lanzamiento de nudillos. Un juego de ninguna o pocas carreras es “una joyita de pitcheo”. Los relevistas, como ya hemos comentado en otro lugar, son bomberos o apaga-fuegos. A la pelota se le llama también “doña blanca”. El bat es carabina, tolete o estaca y, por cierto, un jonrón o cuadrangular es un “batazo de cuatro esquinas”. Y para cerrar destacaré la hermosa forma de bautizar a quien dirige al equipo o nave beisbolística: el timonel del equipo. Viva el beisbol, Rey de los Deportes. ¡Qué belleza! 

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