Sobre héroes y hazañas

El oro esquivo y amargo de Jane Seville

Son siempre dolorosas las descalificaciones de atletas en los Juegos Olímpicos. Más dolorosas aún si se está a punto de llegar a la meta como ocurrió al maratonista Dorando Pietri (Londres 1908) o como sucedió al mexicano Bernardo Segura, quien cruzó la meta tras cumplir el recorrido de los 20 kilómetros como marchista en Sídney 2000. Pasó por el túnel e ingreso al estadio. México celebraba con entusiasmo la conquista del oro. El entonces Presidente llamó a Bernardo para felicitarle. En ese mismo momento, mientras conversaba con Ernesto Zedillo, el juez mostraba la tarjeta de descalificación a Segura. La decepción de Bernardo fue inmensa: había hecho la carrera de su vida. Otros marchistas mexicanos han sido descalificados en diferentes Olimpiadas: Daniel Bautista en Moscú (20 y 50 kilómetros), Joel Sánchez y Ernesto Canto en Seúl 88.

Más dolorosa que la descalificación del marchista azteca en Sídney fue, en esa misma justa, la descalificación de la australiana Jane Saville. Perder a pocos metros de la meta y en tu propio país debe ser lo más amargo en el mundo. Saville dijo que cuando entró al estadio pensaba “será la más maravillosa sensación de mi vida”. Y después de la descalificación afirmó que había sufrido “la más traumática experiencia de cuantas he vivido”. Luego le preguntaron qué necesitaba en esos momentos y respondió: “una pistola para suicidarme”. Entonces ella se preguntó: “¿realmente un ser humano merece esto?”. Cuatro años después, en Atenas 2004, Jane Saville obtendría la medalla de bronce. Al ser interrogada respecto de los resultados en ambas Olimpiadas Saville dijo: “nada podrá ser como obtener oro en tu propio país, pero aquí y dadas las circunstancias estoy absolutamente extasiada”.

Jane Saville se retiró en el 2009. Había ganado oro en los Juegos de la Comunidad. Saville recuerda que unos días antes del despojo de su oro en Sídney la velocista Cathy Freeman, observada por miles de australianos, había ganado oro en los 400 metros. “Motivada por ello, cuando entré al estadio con ventaja pensé que la gloria estaba en mis manos”. Y luego se desplomó bañada en llanto.   

 

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