Sobre héroes y hazañas

Deyna pacta con el cielo

Ahora que Polonia volverá a participar en un mundial de futbol, tras doce años de ausencia, de los botines de Lewandowski, recordé, ¡y cómo no!, a otro imaginista, al incombustible genio de la media cancha el Media Luna Kazimierz Deyna, un fino orquestador que formó parte de aquella mítica selección polaca que alcanzaría un tercer lugar en el mundial de 1974 y una destacada actuación en el de 1978. Deyna, asimismo, conquistó medalla de oro en las Olimpiadas de Múnich (1972) y de plata en las de Montreal (1976). El Media Luna lanzaba sus pases largos con puntería de arquero medieval. Era cadencioso y recio a un tiempo y, hay que decirlo también, falló un penal en el mundial de Argentina, contra el país anfitrión: penal atajado por nadie menos que El Pato Ubaldo Matildo Fillol.

En la franja crepuscular de su carrera como futbolista Deyna recaló en el San Diego Sockers y Legends hasta 1989. Después fatigó sus horas como entrenador de jóvenes talentos deportivos. Un día, en la carretera interestatal al norte de San Diego, el automóvil que manejaba Deyna se descarriló y se estrelló contra un camión. El accidente mortal reviste o entraña un guiño por demás poético: mientras el futbolista agonizaba la cajuela del coche se abrió y salieron hacia el cielo los balones que llevaba rumbo al entrenamiento. Era una señal divina: un homenaje al talento de un extraordinario futbolista y una metáfora de que el futbol del Media Luna viajaba hacia otra dimensión, para alegrar a los espectadores en el firmamento. 

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