Sobre héroes y hazañas

La muerte de Ghiggia: el ‘Maracanazo’ redivivo

Dijo Borges en su cuento El sur, tan celebrado por Jaime Alazraki: “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”. Y esto se ha cumplido de manera cabal tras la muerte del héroe del Maracanazo, sí, sí, sí: murió Alcides Ghiggia el 16 de julio del mes que corre, justo 65 años de haber celebrado la hazaña de hazañas del futbol mundial: el segundo gol en el partido en el que Uruguay doblegó a Brasil en el estadio Maracaná, repletado por más de 200 mil almas. Una proeza inemulable. Por eso Ghiggia, siempre sensato, siempre cuerdo, afirmó exento de pedantería: “Sólo tres personas hemos silenciado el Maracana: el papa Juan Pablo II, Frank Sinatra y yo”. Y tenía razón. Uruguay remontó en aquella malhadada jornada para los brasileños. Y Eduardo Galeano, con la vena hinchada/henchida que le caracterizaba narró el episodio de la derrota de Brasil con gracia impar. Pero no se refirió a Ghiggia, sino al capitán de capitanes, al autor de autores como le moteja Galeano, a nadie menos que Obdulio Varela. Dice el autor de Vagamundo que los uruguayos celebraron en su zona de concentración, en el hotel, pero que se fugó uno: Varela anduvo de bar en bar y comprobó el sufrimiento, el llanto ingente de los aficionados del Brasil caído. Y lloró, sin que ellos supieran que compadecían con su victimario en el campo de futbol, con los hinchas cariocas hasta las agrias albas, como diría el poeta. Y Varela se preguntaba en una desolación sin orillas, roto por el dolor de haber sido el gestor de la desventura de aquella gente: “Pero cómo pude yo haber hecho sufrir a esta buena gente, merezco el infierno”.

No me parece inane la muerte de Ghiggia. El autor del gol decisivo alcanzó dos veces la gloria un 16 de julio: en 1950 con su zapatazo histórico y luego, hace apenas unos pocos días, en este tempestuoso 2015. Quizá ningún deportista vencido haya experimentado jamás lo que ocurrió en Brasil después del revés inimaginable. Lo del año pasado contra Alemania vaya y pase, pero el dolor de Obdulio en las cantinas de Río o el júbilo inusitado de Ghiggia no podrán ser superados. Ni con reencarnaciones urgentes. Os lo juro. 

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